jueves, 21 de abril de 2016

Entrevista a un ente onírico

… que eso sea del todo malo. Si es cierto que al no haber, por así decirlo, leyes naturales, todo se vuelve mucho más impredecible. Es desconcertante desde luego que un hecho sencillo, como una puerta que se abre girando un pomo, pueda variar en cualquier momento. Aunque la haya abierto cien veces de esa forma no hay nada que me garantice que eso vaya a seguir sucediendo de ese modo. Pero al mismo tiempo pienso que eso es lo que verdaderamente le da sentido a todo, ese constante cambio, esa improvisación real que no es que me permita, es que me obliga a ser espontáneo. Desde aquí el estado de vigilia parece verdaderamente aburrido, rutinario y anodino.

¿Consideras entonces que lo rutinario es aburrido?

Desde luego, la esencia de la vida se encuentra indudablemente en el cambio y en el modo en que lo asimiles.

Sin embargo nos comentabas anteriormente que tus días preferidos eran aquellos en que formabas parte de un sueño recurrente.

Si, puede parecer contradictorio. Pero lo cierto es que los sueños recurrentes, tienen lo mejor de ambos mundos. Ya que mantienen el carácter familiar del entorno, de la rutina que te genera confianza y seguridad. Pero al mismo tiempo están repletos de detalles, detalles que no sabes muy bien si es que no te habías fijado o es que realmente ahora son distintos. Porque el soñador ha tenido un día distinto. Por eso que aunque la boda sea la misma, aunque la dama de honor siga cogiendo el ramo y lo use para matar a rosazo limpio a cada uno de los miembros de coro, ahora las rosas son blancas o a lo mejor esa noche bebemos cava rosado, porque él ha visto un anuncio ese día o porque se lo han servido. A lo mejor el cura hoy es una modelo en lencería. De pronto, la boda es dentro de una iglesia pero al aire libre, y al salir del espacio techado con hermosas cúpulas de nubes y montañas, nos encontramos con que el exterior es ahora una iglesia por dentro. Y son esos detalles, a veces tan pequeños y otras veces tan grandes, los que hacen que un sueño recurrente sea algo nuevo.

Me gustaría hacerte una pregunta personal, que por supuesto eres libre de no contestarnos. ¿Qué se siente a ser consciente de que no eres real?

Yo creo que sí soy real.

Pero eres el producto de un subconsciente, eres parte de un sueño de alguien.

No. Yo no soy parte de nadie. Ese es el entorno en el que vivo, pero el soñador no es mi creador. Seria como decir que un mono no existe porque vive en la selva.
Yo soy autosuficiente, si me gusta un sueño me quedo, si no me gusta me largo. Sigo existiendo cuando el soñador se despierta, mi existencia no está supeditada al sueño de nadie. De hecho yo creo que soy mucho más real que los soñadores. Ya que vosotros vivís realmente en vuestras mentes, imagináis cosas antes de hacerlas, soñáis antes de actuar. Obviamente no todos, pero la gran mayoría de los soñadores son entes pasivos que no hacen más que soñar pero que nunca hacen nada más. Desde este lado hemos trascendido la necesidad de soñar, de imaginar, nosotros somos la imaginación, yo soy un sueño hecho realidad, onírica, pero realidad al fin y al cabo. Y eso hace que viva, que exista, porque mi mente está conmigo, no tengo un subconsciente que se vaya de paseo, no tengo millones de entes oníricos que pasean por mi interior como les place. Claro que soy parte de un soñador, de la misma forma en que un soñador es parte del mundo en el que vive. Si tú te consideras real, yo también lo soy.

Podríamos continuar en este debate sin fin, pero vamos a darle fin porque en nuestra revista nadie lee más de tres párrafos seguidos y no tenemos fotos del ente onírico para intercalar. Muchas gracias por concedernos la entrevista y esperamos verle pronto en nuestros mejores sueños.

Ha sido un placer hablar con vosotros y seguro que nos vemos pronto, en los mejores y en los peores sueños también.



viernes, 6 de noviembre de 2015

El viejo retrato persa.

Resultó muy sorprendente cuando se hizo el primer retrato sobre papel. En el año 627 después de cristo, o de nuestra era si son ustedes de esta era, un hombre de mediana edad realizó el retrato de su mujer, palabra por palabra en un perfecto Iraní antiguo. Al susodicho Iraní, también conocido como Ejbel el anciano Persa, le molestó bastante que grabasen un retrato en su cuerpo decrépito y escultural. Tras mucho hablar con el artista en cuestión, llegaron a la conclusión de que un papel tamaño A4 de grimaje 80g/m2 sería lo idóneo para dicho retrato.Por desgracia en la Antioquía antigua, Antiquis Antioquía si fuese un animal o Antioquía a secas para los humanos de la época, era considerablemente difícil encontrar un papel de esas características. Ambos tres: anciano, artista y mujer retratada pero todavía sin retratar, emprendieron un largo viaje en busca del ansiado papel.Tras varios años de viaje e infinitas aventuras algo aburridas, consiguieron el A4 deseado y volvieron a Antioquía.Ella se sentó en una silla de madera, él la fue retratando palabra por palabra, resultaba mágico, todo fluía como si ambos hubiesen nacido para eso. Al poner el punto y final se podía ver el rostro hermoso de la mujer perfectamente escrito.
No se sabe ningún hecho más de la vida de estas dos personas, porque el Iraní antiguo era quién contaba las historias, todavía hoy sus descendientes tienen el retrato pegado en la nevera de sus casas.

viernes, 21 de febrero de 2014

Lo Profundo de la Banalidad. Cap. 3

Capítulo 3 -  La luz al final del túnel y también al principio.


Se me cayó una cucharilla al suelo, me tumbé a su lado y me puse a observarla hasta que, tras tres horas, se movió. Ella creía que yo estaba dormido, por eso primero levantó la cabeza y me miró, como con cuidado, como cuando eres niño y te haces el dormido, pero miras para ver si se creen que estas durmiendo. Yo me quedé estático observándola con atención. Ella podía volver a quedarse quieta, retroceder sobre sus pasos y que yo acabara pensando que esto no era más que un simple delirio, pero en lugar de eso, optó por levantarse y mirarme fijamente. Para mi fue un momento muy especial, una cucharilla nunca me había devuelto la mirada.

Pasaron unos minutos más y ella rompió el silencio.

-Es asqueroso sabes.- Y se me quedó mirando, tras una larga pausa continuó. -Vuestras bocas, por lo general son asquerosas.

No hablaba de la mía en particular, sino de los humanos en general, las bocas eran asquerosas...
-Y bueno, di tu, que yo soy pequeñita, generalmente remuevo el azúcar y poco más. Pero solo pensar que en unos años me utilizarán para la sopa. Házme un favor, píntame de mariquita y cuélgame en una pared, como adorno.- No supe que contestarle. -Y deshazte del tenedor del mango marrón, nos está volviendo locos a todos, dice que sufre mucho cada vez que lo usáis, que es vegetariano y ecologista y no soporta pinchar la ternera.

Me costó asimilar todo aquello unos instantes, pero me decidí a preguntarle algo. -¿De mariquita?
-¡Mira!- me contestó -soy una cucharilla, la mayoría intentamos escaparnos antes de crecer y convertirnos en pesadas cucharas o ancianos cucharones. Yo quiero irme por las buenas. Quiero tener una vida tranquila como adorno de pared, es mucho mejor vida que la de un cubierto. Si fuese un cuchillo no me quejaría vale, pero no es el caso, yo soy una curranta, todo el día removiendo cafés y tés y de vez en cuando le ataco a un trocito de tarta de queso. Y no quiero desaparecer como un calcetín y tener un futuro incierto, imagina que acabo en un basurero. Quiero ser un adorno de pared, y por favor, deshazte de ese tenedor, es un incordio y desmoraliza a todo el personal.

Pasé la tarde pintando cucharillas y cucharas y pegándolas en la pared. Desde entonces me dedico a hacer esculturas con cubiertos en mis ratos libres, los "entendidos" hablan bastante bien de mi obra.
Ahora como con palillos, no se si están vivos o no, pero... es lo que hay.

lunes, 18 de marzo de 2013

Nimio pero Cierto



       Camino desnudo por el arcén. Un pasamanos de terciopelo separa la carretera de un acantilado, pero al fondo hay a veces mar y a veces otra carretera.
       Un coche de la policía viene de frente muy lento, y yo comienzo a correr para disimular. Pasan de largo creyendo que soy un animal que no aciertan a identificar.
       Al pasar la curva llego a la ciudad de mis sueños. Al lugar donde aprendí a montar en bicicleta cuando era pequeño; un carril bici, dos canastas de baloncesto y muchos árboles. Detengo mi carrera y comienzan a pasar las estaciones; nievan hojas del cielo; los árboles florecen; hace frío y llueve; salen el Sol, la Luna y un arco iris; el viento levanta las hojas y las devuelve a los árboles. El tiempo se detiene y llegan tres personas caminando delante de un coche que nadie conduce.

       Uno de ellos es un gran mago que admiro. El otro es un elegante hombre, que aprecio y hace mucho que no veo, y entre ellos una mujer de la que podría llegar a enamorarme en cada sueño.
     La policía pasa de nuevo muy lentamente junto a nosotros, y entramos en el coche para disimular, aunque yo soy el único que sigue desnudo. Voy detrás con un gran mago, al volante un hombre elegante que hace mucho que no veo, y a su derecha una hermosa mujer, de la que podría enamorarme en cada sueño.
      Todavía no hemos arrancado el coche, pero tenemos delante una farola. Yo me río a carcajadas, el gran mago llora, la mujer finge un orgasmo y el piloto se cepilla los dientes mirándose al retrovisor.
       Emprendemos la marcha y yo ya estoy vestido, la hermosa mujer besa al conductor y este se desmaya. Ella se gira para sonreírme eternamente mientras caemos al vacío destrozando el pasamanos de terciopelo. Al fondo hay a veces mar y a veces carretera, ahora hay carretera. Ella no deja de sonreírme en ningún momento, comprendo que la amo. El gran mago expresa en voz alta que se olvidó de recoger una prenda de la tintorería. Estamos a un palmo del suelo y mis ojos se cierran, todo se desvanece excepto la realidad.

Xulio ML
Sueños, 2º relato. “Nimio pero Cierto”
A veces los sueños representan la realidad con más claridad que la realidad misma. Observarlos produce un reflejo infinito, es como enfrentar dos espejos, pero con la mente.”

jueves, 20 de diciembre de 2012

Lo Profundo de la Banalidad. Cap. 2


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Capítulo 2: Llegando a lo desconocido

       Me acerqué y le toqué el rostro con un palito, ella se encontraba tirada sobre el barro, no se si estaba vestida o desnuda, a lo mejor lleva ropa o a lo mejor no. Quizás una blusa blanca manchada por la tierra o quizás no. La lluvia era intensa y ella no parecía moverse, yo seguí por unos minutos tocándole su pómulo con un palito.

        -¿De dónde vienes? Pareces perdida y muerta. ¿Estás muerta? Parece que lo estás porque no contestas cuando te hablo. Yo no creo en los muertos sabes, una vez vi morir a un hombre y resultó que estaba vivo. Desde entonces solo creo en los vivos y en los cuerpos inertes. Tú pareces un cuerpo inerte, como esa roca de ahí, aunque probablemente esa roca pese más que tu; tu piel parece más suave que la de la roca y probablemente ella permanecerá ahí más tiempo que tu cuerpo inerte.- Proseguí con mi soliloquio y dándole toquecillos en el pómulo con un palito.

       El agua de la fuerte lluvia se deslizaba por su pelo cobrizo, uno de sus mechones en concreto parecía como si hiciese brotar agua de su interior, al principio creí que era impresión mía, que el agua al caer generaba esa ilusión en su cabello, pero no, estaba brotando realmente, de uno de sus mechones comenzó a salir agua a borbotones, cada vez con más fuerza y no tardó en abrirse camino por el barrizal.
       Me separé de ella y a su lado pronto se formó un río que nacía de su cabello. ¡Es la primera vez que veo el inicio de un río! Su cauce fue en aumento, cada vez más ancho, cada vez salía más agua que ya la cubría a ella por completo, ya no era solo un mechón, ahora de cada pelo salía un torrente. Finalmente ella se transformó en el río, su cuerpo se fue disolviendo hasta que solo quedaron sus cabellos, y pronto se los llevó la corriente.
       El río huyó, salió corriendo tras el último de los mechones cobrizos.

        Caminé por el barro, con mi palito en la mano, siguiendo lo que hasta hace un instante era un río. Caminé en busca de un cuerpo inerte tal vez desnudo o tal vez no, a lo mejor llevaba una blusa blanca manchada por la tierra. Me aferré a mi palito y caminé, acompañado por mi, en busca de un pómulo pálido al que dar golpecillos.