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viernes, 6 de noviembre de 2015

El viejo retrato persa.

Resultó muy sorprendente cuando se hizo el primer retrato sobre papel. En el año 627 después de cristo, o de nuestra era si son ustedes de esta era, un hombre de mediana edad realizó el retrato de su mujer, palabra por palabra en un perfecto Iraní antiguo. Al susodicho Iraní, también conocido como Ejbel el anciano Persa, le molestó bastante que grabasen un retrato en su cuerpo decrépito y escultural. Tras mucho hablar con el artista en cuestión, llegaron a la conclusión de que un papel tamaño A4 de grimaje 80g/m2 sería lo idóneo para dicho retrato.Por desgracia en la Antioquía antigua, Antiquis Antioquía si fuese un animal o Antioquía a secas para los humanos de la época, era considerablemente difícil encontrar un papel de esas características. Ambos tres: anciano, artista y mujer retratada pero todavía sin retratar, emprendieron un largo viaje en busca del ansiado papel.Tras varios años de viaje e infinitas aventuras algo aburridas, consiguieron el A4 deseado y volvieron a Antioquía.Ella se sentó en una silla de madera, él la fue retratando palabra por palabra, resultaba mágico, todo fluía como si ambos hubiesen nacido para eso. Al poner el punto y final se podía ver el rostro hermoso de la mujer perfectamente escrito.
No se sabe ningún hecho más de la vida de estas dos personas, porque el Iraní antiguo era quién contaba las historias, todavía hoy sus descendientes tienen el retrato pegado en la nevera de sus casas.

lunes, 18 de marzo de 2013

Nimio pero Cierto



       Camino desnudo por el arcén. Un pasamanos de terciopelo separa la carretera de un acantilado, pero al fondo hay a veces mar y a veces otra carretera.
       Un coche de la policía viene de frente muy lento, y yo comienzo a correr para disimular. Pasan de largo creyendo que soy un animal que no aciertan a identificar.
       Al pasar la curva llego a la ciudad de mis sueños. Al lugar donde aprendí a montar en bicicleta cuando era pequeño; un carril bici, dos canastas de baloncesto y muchos árboles. Detengo mi carrera y comienzan a pasar las estaciones; nievan hojas del cielo; los árboles florecen; hace frío y llueve; salen el Sol, la Luna y un arco iris; el viento levanta las hojas y las devuelve a los árboles. El tiempo se detiene y llegan tres personas caminando delante de un coche que nadie conduce.

       Uno de ellos es un gran mago que admiro. El otro es un elegante hombre, que aprecio y hace mucho que no veo, y entre ellos una mujer de la que podría llegar a enamorarme en cada sueño.
     La policía pasa de nuevo muy lentamente junto a nosotros, y entramos en el coche para disimular, aunque yo soy el único que sigue desnudo. Voy detrás con un gran mago, al volante un hombre elegante que hace mucho que no veo, y a su derecha una hermosa mujer, de la que podría enamorarme en cada sueño.
      Todavía no hemos arrancado el coche, pero tenemos delante una farola. Yo me río a carcajadas, el gran mago llora, la mujer finge un orgasmo y el piloto se cepilla los dientes mirándose al retrovisor.
       Emprendemos la marcha y yo ya estoy vestido, la hermosa mujer besa al conductor y este se desmaya. Ella se gira para sonreírme eternamente mientras caemos al vacío destrozando el pasamanos de terciopelo. Al fondo hay a veces mar y a veces carretera, ahora hay carretera. Ella no deja de sonreírme en ningún momento, comprendo que la amo. El gran mago expresa en voz alta que se olvidó de recoger una prenda de la tintorería. Estamos a un palmo del suelo y mis ojos se cierran, todo se desvanece excepto la realidad.

Xulio ML
Sueños, 2º relato. “Nimio pero Cierto”
A veces los sueños representan la realidad con más claridad que la realidad misma. Observarlos produce un reflejo infinito, es como enfrentar dos espejos, pero con la mente.”

lunes, 29 de octubre de 2012

Los Dueños del Gato


       Una copa de vino sobre la encimera. El gato que se acerca para olerla y la dueña que le deja. Al final todos los dueños dejan que sus gatos huelan sus copas de vino. O eso creen aunque en el fondo sepan que los gatos harán lo que les venga en gana. Los gatos por el contrario no se lo que saben, no se si saben que pueden hacer lo que les venga en gana o no, no se si saben que sus dueños son sus dueños, ni se si saben que son gatos.



       Anoche regresé a casa, al salir del trabajo fui con unos amigos a tomar algo y a jugar al billar. Hacía años que no jugábamos. Cuando llegué a casa me sorprendió la quietud. Marina solía estar viendo el televisor en el salón y ayer fue radicalmente diferente. Había una copa de vino sobre la encimera y el gato estaba lamiendo su contenido. Me acerqué para sacarlo de la encimera pero se asustó y tiró la copa. Por suerte no se rompió, pero el líquido goteaba hasta el suelo por el borde del mármol. El gato se sentó junto a la puerta y me observaba limpiar, estimo que en cierto modo se estaba riendo de mi y me dieron ganas de darle una patada en esa adorable cabecita. ¿Quién sería capaz de pegarle a su amado gato?

       Creí que Marina no estaría en casa al ver las luces del salón y la tele apagadas. Supuse que habría salido a dar un paseo. Cogí un vaso de agua y me senté en el sofá, para cuando intenté cerrar los ojos y relajarme escuche un jadeo que me estremeció y sobresaltó. No era posible.

       Di un sorbo al agua y volví a escucharlo, sencillamente no podía ser posible, no podía serlo y menos en mi casa y menos a esta hora. Sabe a que hora llego, llego siempre a la misma hora, de querer hacer algo así habría elegido otro momento.

       Pero luego descubrí una cosa, y es que lo que uno puede imaginar, lo que uno espera de una situación rara vez es lo que finalmente sucede. Empecé a subir las escaleras velozmente, aun sin creerme que estuviese pasando eso. Pero a medida que subía se escuchaban más y más detalles que me hacían ver que era cierto. Primero fueron intensos gemidos, pero luego alcancé escuchar palabras concretas, no me podía creer que mi Marina estuviese diciendo eso. Esas palabras tan desbocadas y lascivas que yo nunca hube escuchado de sus labios. Que hacía muchos años que no escuchaba de una mujer. Me paralicé por completo en lo alto de la escalera. La puerta del cuarto se encontraba abierta, la luz de la mesa de noche estaba encendida y proyectaba una sombra en el pasillo que no era nada agradable de ver. Se escuchaban verdaderas atrocidades saliendo de ambos amantes. Me quedé completamente paralizado, no pensé en interrumpir, o sí, no sabía que hacer hasta que el sonido de un fuerte cachete me despertó de mi letargo y me hizo plantarme ante nuestra habitación. Me quedé boquiabierto y completamente paralizado, creí que gritaría eufórico al llegar a la puerta pero la escena sobrecogió mis ojos y me congeló los músculos.

       Mi mujer se encontraba arrodillada e inclinada sobre la cama y tras ella había un hombre con un pasamontañas y estaba follándosela. Tirándole del pelo y agarrándole con fuerza su cintura. Ella ni siquiera reparó en mi presencia. Él sí, pero no pereció importarle. Alguien me agarró con fuerza desde atrás, me tapó la boca y me sujetó los brazos obligándome a observar esa denigrante escena. Pensé que la estaban violando, que eran dos atracadores. Pero al ver el rostro de Marina descubrí que no. Ella por fin advirtió mi presencia y parece que eso la alentó a entregarse con más pasión a su amante. Entonces me di cuenta de que lo estaba haciendo a propósito. ¿Que le había hecho yo para merecer una cosa así? Nunca fui un amante extraordinario con ella, pero jamás me habría imaginado algo así. Habría deseado dar media vuelta al llegar a lo alto de las escaleras.


       Y con esa escena, dos hombres con pasamontañas, uno de ellos fornido y alto inmovilizándome por completo, el otro detrás de mi mujer demostrando una fogosidad desmedida. Acabó por suceder lo último que me habría imaginado. El amante la sujetaba con fuerza y ella me sonreía cruelmente y gritaba. El hombre cogió un machete con su mano derecha y lo elevó sobre mi mujer, sin detenerse elevó su cabeza tirándole fuertemente del pelo, ella dio un último grito, mas por el dolor del cabello que por el placer del sexo y él le cortó el cuello.

       Creo que mi mujer eso no se lo esperaba, yo me encontraba completamente salpicado en sangre y ese hombre siguió manteniendo sexo con mi difunta esposa, con su cuello abierto en canal y su sangre brotando sobre mi y sobre mi gigantesco amigo. Siguió con ella hasta que de los tirones y acometidas su cabeza acabó por desprenderse por completo. Entonces dejaron su cuerpo tirado sobre la cama, con la cabeza sobre su espalda y mirándome, como cada noche cuando llegaba a casa. Me ataron a una silla frente a ella antes de marcharse.

       Me costaba entender todo lo sucedido, ya no sabía si eso lo inició ella o no, no sabía siquiera si todo eso había sido un sueño y me encuentro aun en la barra de los billares. Cerré los ojos con fuerza y al abrirlos aun me encontraba atado a una silla, con mi mujer muerta sobre nuestra cama y su cabeza mirándome.

       El gato entró en la estancia, yo no tenia fuerzas para forcejear. En un vano intento por soltarme la silla calló al suelo, desde la puerta tirado y atado a una silla caída observé como su sangre chorreba por la colcha y goteba en el suelo, el gato la lamía imagino que intentando limpiarla como si fuese una derramada copa de vino. Yo le miré, sin saber de quién era dueño.

Xulio ML

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Borracho y Sediento de Sangre


       Hace dos meses y medio conocí a la verdulera. Me acerqué a la verdulería con intenciones de comprar zanahorias y un tomate. No me gusta el tomate pero me encanta dejar uno en el balcón y ver como se pudre. Me encanta sentarme en el sillón, comer una zanahoria y mirar como un tomate se pudre.
       Al ir a comprar las zanahorias y el tomate, había una verdulera nueva. Una mujer mas o menos de mi edad. Al pagar la invité a ver pudrirse el tomate y me dijo que a ella también le gustaban mucho las zanahorias, por lo que quedamos para esa misma tarde.
        Le abrí la puerta de casa y nos saludamos de un modo muy tímido.
        -¿Dónde está el tomate?- preguntó. Yo lo había dispuesto todo, los detalles eran perfectos para pasar una tarde maravillosa, los sillones de una plaza orientados al balcón, el tomate sobre la barandilla y unas cuantas zanahorias bien lavadas y peladas sobre un plato, en una mesita de té que había colocado minuciosamente frente a los sillones. Todo, absolutamente todo era perfecto.
        Nos sentamos y observamos el tomate. Comimos alguna zanahoria, aunque menos de las que yo esperaba, y pronto llegó la noche. Nos despedimos hasta el día siguiente.
       -Aún está un poco verde.- Dijo ella mientras cogía su abrigo del perchero.
        -Sí, mañana seguro que ya estará resplandeciente.

       Al día siguiente repetimos la experiencia. Y continuamos nuestros encuentros durante varias semanas. En pocos días el tomate se puso en un tono rojo muy vivo. Nosotros nunca cambiábamos nada. Un par de frases escuetas y un completo silencio solo aderezado por los ruidos que una ciudad genera, por algún que otro duro mordisco a una zanahoria y por un tomate que se dejaba observar.
Inicialmente el tomate estaba algo verde, luego estuvo resplandeciente unos días y era verdaderamente majestuoso, un tomate impresionante. Luego empezó a menguar muy lentamente, casi sin que ninguno de los dos nos pudiésemos dar cuenta. Primero era muy sutil, empezó perdiendo el tono verde de sus hojas diminutas, empezó a arrugarse cada vez más y el moho comenzó a brotar donde antes había un verde radiante. El color rojo cada vez era más apagado. Pronto se secó por dentro, se hizo un tomate pequeño y arrugado. Un tomate feo.
       Nosotros seguíamos viendo como cada vez avanzaba más y más el estado de descomposición del tomate. Al cabo de un mes y medio del tomate no quedaba casi nada, costaba incluso observarlo. Y finalmente, dejó de ser tomate, cualquiera que lo viera a los dos meses no podría adivinar que eso había sido un tomate.
        Estuvimos unos días sin vernos, porque ya no había tomate que observar. Yo no sabía que hacer, a lo mejor resultaría muy violento ir a comprar otro tomate. Pero me llené de valor y fui de todos modos.
        Al ir a pagar me dijo:
        -Esta vez lleva un kiwi, creo que tardan ocho meses en pudrirse del todo.



XulioML  

miércoles, 22 de agosto de 2012

Lo que queda de Mi


       Otra tarde empotrado ante el televisor como si me interesase lo que cuenta, viendo capítulos repetidos de series que no se dejan caer en el olvido... la luz entra por la ventana inundando el salón y llenando mi perfil de claridad, proyectando la sombra de lo que queda de mi en la pared blanca. Levanto la mano y entreabro los dedos para juguetear con mi sombra, continúo ondeando mis dedos en el aire hasta que ella se detiene, mis dedos aún juguetean pero la sombra se revela. Se levanta de la silueta que deja el sillón y se planta de pié ante mí, que permanezco completamente paralizado, no se si por el miedo, por incredulidad o por el asombro. Tras unos primeros segundos de perplejidad hago un intento tímido de tocarla con mi mano, pero retrocede un paso. Se gira hacia la pequeña mesita que está entre el sillón y el televisor y coge el mando a distancia, me mira y sale corriendo hacia el balcón, me levanto tras ella y da un salto al vacío. Seis pisos de caída libre, me asomo y no veo gran cosa, aunque parece que el mando se ha roto. Bajo a ver si hay algún rastro de mi sombra pero solo quedan restos desperdigados del mando, tan solo encuentro una de las dos pilas y decido tirar a un contenedor cercano los demás elementos de un artefacto que ya difícilmente podrá controlar nada. Subo algo desconcertado, con una pila pero sin sombra.
       Resulta extraño no tener sombra, es algo a lo que normalmente no hago mucho caso pero que siempre está ahí, en el fondo es una parte importante de mi. Me doy una ducha mientras reflexiono levemente sobre lo sucedido. No conozco a nadie que le haya pasado nada parecido, y no sabría a quién acudir para arreglarlo, y en el fondo tampoco se si es algo que haya que remendar, quiero decir, si no la recupero pues supongo que tampoco pasa nada. ¿Para qué quiero tener sombra? Me asaltan mil dudas, gran parte fruto del desconcierto. Por otro lado pienso que demostrar la veracidad de mi historia sería sencillo, ya que no tengo sombra.
       La noche se aproxima cada vez más y aún no se que hacer, podría llamar a alguien y contárselo aunque eso no solucionaría nada en absoluto, pienso en salir a la calle a buscarla pero la simple idea genera en mí dudas sobre mi cordura. Por otro lado si he de ir a buscarla lo he de hacer de inmediato, ya que la luz comienza a menguar e imagino que encontrar una sombra de noche será mas complicado que de día. Aunque a lo mejor la sombra ha muerto al caer, me he quedado sin ella, en el fondo si la sombra muriese, yo ¿qué perdería? Ella como mucho observa mis actos, los imita con su estilo característico, frío, oscuro, mudo y deforme a veces. Otras veces casi más veraz y nítido que mis propios actos, más clara que muchas de mis decisiones. Sea como sea ella es parte de mi, compañera silenciosa de esta largo viaje. Voy a llamar a alguien.
        Tras media hora de surrealistas conversaciones telefónicas con varios conocidos y familiares, llego a la conclusión de que necesito descansar un poco, no se si lo que he visto ha sucedido realmente o ha sido fruto de mi imaginación, juraría haberlo visto y ¡joder!, no tengo sombra. Enciendo la tele y me siento en el sillón. Voy haciendo zapping de un modo tortuoso, sin mando a distancia, hasta llego a un canal que suelo ver habitualmente, pasan un programa de entrevistas que me descoloca un poco, están entrevistando a mi sombra.
        Parece desenvolverse con soltura en televisión, como si lo hubiese hecho todos los días, la gente le ríe casi cada comentario, yo sería incapaz de ponerme ante una cámara. Se hace llamar “Sombrío” pero es evidente que soy yo, o al menos una parte de mi. En la entrevista le preguntan un sin fin de cosas, de las que sale airoso con una facilidad abrumadora. Cuenta ser la sombra de un paracaidista murciano al que no se le abrió el paracaídas y falleció. Las sombras no experimentan ningún tipo de caída, por el hecho de que siempre necesitan una superficie sobre la que proyectarse, y en el instante antes de ver morir a su dueño, decidió separarse de él, quedando libre para vagar por el mundo, siendo inmortal. ¡Qué huevos! Un paracaidista murciano.
        En cuanto acaba la sarta de mentiras en la que está basada la entrevista llamo a la cadena televisiva y pido hablar con Sombrío. Me sale su representante y me dice que él no puede atenderme. Amenazo con presentarme en televisión a contar la verdad sobre “Sombrío” y finalmente accede a ponerme a mi sombra al teléfono. Tras una pequeña discusión con lo que que era mi sombra, la convenzo para venir a mi piso y hablar en persona.

        Soy incapaz de dormir; no se como afrontar la reunión de mañana con mi sombra; no se qué decirle; quiero que vuelva y en cierto modo la necesito, no se para qué, pero se que sin ella no soy yo. No quiero rogarle y parecer desesperado, pero tampoco quiero exigirle y que se sienta presionada, no me puedo permitir que no vuelva. La noche es cada vez mas corta y pierdo toda esperanza por conciliar el sueño.

        “Sombrío” entra con su representante en mi piso, él se queda en la cocina y nosotros vamos a hablar al salón. Se sienta frente a mi y me pide una copa. Me levanto al mueble bar y le sirvo, en lo que me sirvo otra mi, coge la suya y me dice con voz clara y firme.
        -No voy a volver contigo- él agarra la silueta de la copa haciendo que la real levite ante mis ojos, la inclina y bebe el líquido de la sombra, líquido que va desapareciendo sin caer en ninguna parte, es como si la copa se derramase sobre la nada. La estupefacción me abruma, no se si lo real es el mundo en el que vivo o si lo son las sombras y mi realidad no es mas que una simple imitación. La sombra autónoma es lo más parecido a un alma que he visto nunca. ¿Es mi alma o su sombra? Ni siquiera acabo de servirme la bebida, simplemente me siento y de un sorbo hago yo también desaparecer el poco líquido que había en mi copa.
        Su representante entra en el salón.
        -¿Puedo vivir sin sombra?
        -Claro que puedes- contesta mi sombra, -de hecho ahora estás vivo.- El representante de inmediato propone una solución.
        -Sombrío ya tiene un contrato firmado con varias cadenas televisivas, él te puede dar un pequeño porcentaje de sus ganancias, para garantizar, por supuesto, tu comodidad. Lleváis muchos años juntos y al chico le gustaría saber que tú vas a estar bien. Eso y que no puede permitirse el lujo de que alguien vaya por ahí diciendo que él es su sombra y que los comerciales relatos de su procedencia son ficticios. Pero tampoco podemos dejar a este hombre sin sombra, por eso a Sombrío y a mi se nos ha ocurrido que tengas otra sombra.- La velocidad, seguridad y encanto de sus palabras me confunden aún mas de lo que ya lo estoy.
        -¿Otra sombra?
        -Sí otra sombra, por ejemplo la de este jarrón. Es una sombra muy digna, mira solo hay que quitar las flores y hasta parece el contorno de un ser humano y todo.- Con un brutal desparpajo en sus palabras y actuando como si estuviese en su casa, tocando mi jarrón y despojándolo de mis flores, me ofrece tener la sombra de un florero. Sombrío se acerca a la base del florero, toma la sombra y la pega a mis pies.
        -Ya está- finaliza el representante mientras me deja una tarjeta de visita -envía tu número de cuenta a esta dirección de e-mail y mensualmente se ingresará un pequeño porcentaje de las ganancias de Sombrío, aquí te dejamos una copia del contrato que él mismo te ha ahorrado firmar, ya que en términos legales tu sombra puede firmar por ti.- Sombrío se acaba su copa, se levanta y se va, justo tras él se marcha el hombrecillo repugnante con mucha labia y morro. Yo me quedo en mi sillón, en el sillón en el que empezó todo, la tele encendida, el mando roto, yo con una copa vacía en la mano y mi sombra en un programa televisivo. Me planteo apagarla para ver mi reflejo, pero me da un poco de miedo hacerlo, así que veo un fragmento que mi sombra ha debido grabar esta mañana en algún plató extraviado.
        He de asumir que una parte de mi está en la televisión y como consecuencia directa de ello, cada vez que me vuelvo me encuentro, al final de mis pies, la sombra de un jarrón vacío. Que parece ser lo que queda de mi.


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miércoles, 25 de enero de 2012

¡Belleza!

          El martes amanece, mi sueño no se ve sorprendido cuando los primeros rayos de sol se cuelan por las rendijas de las persianas. Da gusto despertarse tras haber dormido bien, disfrutar el despertar estirándose en la cama, aferrarse a la almohada y sentirse feliz.
          Solo dos días a la semana no hay un despertador que derrumbe mis sueños; dos días sin obligaciones ni responsabilidades; dos días repletos de mi y de tiempo libre. Dos días sin nada que hacer. Sin nada que hacer. Sin nada que hacer...
          Me siento al borde de la cama y admiro como las mantas han vencido en la batalla contra mi cuerpo dormido, han mantenido sus posiciones fijas. Me encanta hacer la cama bien para que apenas se deshaga. Me pongo en pie y camino por el suelo de madera hasta la ventana, mientras subo las persianas pienso en como era yo antes, en como desperdiciaba los días como hoy haciendo cosas; en como me inundaba la inexplicable necesidad de hacer algo, de aprovechar el tiempo. Ahora sonrío cuando pienso eso de aprovechar el tiempo. Abro la ventana para dejar que la brisa primaveral dé frescura a mi habitación. Respiro, me gusta sentir como el aire fluye por mi interior...
          Hago la cama, pienso que hacer algo es una forma de evitar pensar, pero lo pienso mientras hago la cama... me pregunto en qué piensan las amas de casa. Imagino que pensarán en lo siguiente que van a hacer, yo cuando trabajo pienso en eso, porque si me sumerjo en mi mente hago las cosas mal y a menudo tengo que repetirlas. A lo mejor se concentran en hacer bien lo que están haciendo... La diferencia es sutil pero gigante. Pensar mientras hago la cama, o hacer la cama mientras pienso. Acabo de hacer la cama y voy a lavarme la cara, lo necesito, me encanta hacerlo. Las frías baldosas del baño; mi reflejo matinal; mi mano que acaricia el lavabo y acaba por abrir el grifo; el agua fría contra mis manos, fresca, helada; jabón con olor a manzana; el agua fría contra mi cara, que instante tan glorioso; me apoyo contra el lavabo. Y me miro al espejo.
          Este eres tú. Disfrutas del despertar, de la brisa, del agua y de tu reflejo. No hay nada mejor que levantarse disfrutando, a fin de cuentas en eso consiste la vida, en disfrutar de cada instante y en admirar la belleza. Hacer cosas es una forma de mantener entretenido al cuerpo; Pensar es una forma de entretener a la mente. A mi me encanta pensar, sentarme y pensar, mirarme al espejo y pensar en cualquier cosa, hablar conmigo mismo. Disfruto pensando.
          Me encanta mi mirada, acerco mi rostro al espejo para verme bien cerca, apoyo casi todo mi peso sobre mis manos, me encanta esa tensión, me acerco más al espejo y el lavabo se rompe cayéndome en las piernas, el impulso me tira para atrás y caigo en la bañera. El lavabo se desmenuza en el suelo. Yo intento agarrarme a algo que frene mi caída pero solo tengo a mano la cortina y resulta insuficiente, mi cabeza acaba de impactar contra la pared y el palo de la cortina contra mi nariz. Mi mano derecha abre el grifo en un intento por agarrarse a algo. Creo que me he abierto la cabeza y no siento las piernas. Mi mano no tiene fuerzas para rebuscar sangre entre mi pelo, mi mirada se apaga pero le da tiempo a ver el agua caer. El agua esta helada, más fría que nunca, cae de modo constante y llega mi último aliento. Se que no voy a salir vivo de esta bañera, no puedo admirar el agua caer y teñirse con mi sangre ni tampoco puedo disfrutar de este momento. El deseo de sobrevivir me lo impide. Creo que esto es ser humano y muero.

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viernes, 30 de septiembre de 2011

La tarde en la que se me acercó un hombre con un maletín negro y me pidió que se lo sujetase un momento mientras iba a comprar agua y yo me encontraba indispuesto para dicha tarea.

     El móvil sonaba de un modo incesante, yo lo cogí y miré la pantalla para ver quién llamaba. Se me acercó un hombre con un maletín, pero antes de llegar a interrumpirme un tipo raudo y veloz me arrancó el móvil de las manos de un tirón y salió corriendo, fui tras él, tropecé y me abrí la cabeza. Seis puntos de sutura y aún hoy no se de quién era el número que me llamaba.

sábado, 13 de agosto de 2011

Realidades Inverosímiles

Me encanta pasear, salir en busca de nada mas que aire fresco, concretamente me gusta pasear de noche.

Camino de un modo incesante, lento, encuentro un banco, es viernes y hay mucha gente por la noche, estoy cerca de una zona de fiesta, no me gusta nada la música, la gente que sale por las noches rara vez tiene algo que contar que yo considere de interés. El banco, descubro que es para sentarse y eso hago.

No se que hacer, saco una libreta y anoto unas cuantas lineas, la gente que pasa me mira, todos de fiesta, dos de la mañana, y un extravagante ser esta sentado escribiendo en un banco.

La luna es preciosa esta noche, está llena y la oscuridad es muy clara. Por desgracia las farolas, como cada noche crean un manto que impide disfrutar del paisaje como es debido.

La gente sigue pasando y yo escribo. ¿Qué escribo? Escribo que en cierto modo me encantaría que una de esas personas que por ahí pasa se detenga e interactúe conmigo.

Pasa una pareja, me miran y les invito a sentarse, dejo de escribir y descubro que él estudia arquitectura y ella biología marina. Me encuentro con una charla que divaga entre el peligroso terreno de la política y la economía y acaba remontándose a la antigua grecia. Al final se van. Yo sigo escribiendo.

La verdad es que fue mas fructífera la conversación que tuve con ellos en mi libreta que la que hubiese tenido si realmente les hubiese invitado a sentarse. De todos modos sigo aquí, sentado, en busca de una inspiración que está ahí, pero no sabe como manifestarse. La luna me persigue toda la noche.

Me levanto y paseo, yo paseo y los demás caminan, a una frenética velocidad, no tienen prisa pero corren, yo voy sin rumbo y esta noche me dejo llevar por la suave brisa.

Cruzo miradas en mi paseo con una gran variedad de personas, la gran mayoría de ellos se sienten ligeramente molestos y miran al suelo o a alguna pared cercana, cada vez que paso por un grupo de jóvenes me piden un cigarro o fuego, yo suelto comentarios tan ingeniosos como absurdos, y desconcertados se quedan pensando en lo que he dicho mientras me alejo. Asumen que estoy loco como si eso fuese malo, o como si ellos fuesen los cuerdos.

La noche de las mil mentiras, la luna enmascarada camufla mi rostro, se siguen cruzando miradas, es el momento de poner fin a la noche, es el momento de salir de lo que parezco ser yo en la realidad de una ciudad ebria.

De pronto se levanta una niebla espesa, estoy ya de vuelta a casa, de entre la bruma un sonido inconfundible llega a mis oídos, dos tacones se aproximan, y si vienen solos me desmayo del susto. Pero no, vienen acompañados de una hermosa figura, de una mirada que se clava en mi y me atrapa al instante, de pronto los tacones dejan de sonar, la falda se permite el lujo de ondear al viento y ella sale volando, se esfuma, como la niebla.

Camino un poco más casi hasta el portal de mi hogar, dónde saco las llaves de mi bolsillo y un bolígrafo cae, me siento y en suelo abro el cuaderno y comienzo a escribir un soneto.

La niebla no existe, ni la chica, ni las miradas, ni la pareja del banco, solo existe el paseo que culmina en una madrugada, las hojas de una vieja libreta y la tinta derrochada en un poema tan bello como horrible.
Qué hermosura, la existencia es muy compleja de entender, pero muy sencilla de sentir.



Llego a casa, pongo una película que he visto mil veces, a mitad del segundo acto me inunda la necesidad de escribir pero... ¿El qué? Un paseo aclarará el tema, y la tinta resbalará con suerte y tal vez con gracia.

A mitad del paseo descubro, que es inverosímil empezar por el final, continuar una historia por el principio y culminarla con la reflexión que surge en el punto intermedio de la misma.

jueves, 9 de junio de 2011

Mis Patos Crueles

En el mismo banco de todos los días frente al mismo charco con los mismos patos de siempre, que siguen pidiendo migajas aún sabiendo que el lago se secó hace años. Pero yo también sigo en mi banco derruido, buscando mi reflejo en la tierra seca y cuidando de los que siempre he querido que estuviesen a mi lado, escuchándoles graznar como exigiéndome que les alimente, y cuán crueles son que acuden por sustento, se quejan y me abandonan con su aleteo, porque mis hijos siempre me dejan solo, buscando mi reflejo en la tierra seca.

jueves, 2 de junio de 2011

Cien metros lisos, pero no del todo.

He dedicado mucho tiempo para este momento, para estar aquí al sol, pequeños saltos dan soltura a mis músculos, con cada impacto contra el suelo la tensión se desvanece. Toda esa gente nos observa a los ocho sin entender nada, yo no miro a mis rivales, no se si son contrincantes o compañeros, yo soy para mí mas rival que ellos. Cierro los ojos y respiro hondo, levanto la vista y ya solo existe una cosa, la meta. La calle frente a mi es tan corta como infinita, mi respiración es cada zancada, un esfuerzo desmesurado donde diez segundos serían eternos. ¿Por qué?

¿Qué me cuestiono? Quedar primero es ser el mejor en aquello en lo que lo he intentado ser toda mi vida, es la gloria, es la fama, es el reconocimiento de mi esfuerzo, es respeto. Los niños tendrán posters con mi expresión cruzando la meta.

Yo no quiero nada de eso, esto es tan estúpido, millones de personas miran como nosotros salimos de aquí para llegar allí, y además allí no hay nada, quiero decir, si hubiese un jugoso pollo con patatas y yo estuviese hambriento entonces lo comprendo, pero no es el caso, no hay nadie allí para abrazarme cuando llegue, no hay tras la meta mas que valores estúpidos que no significan absolutamente nada. No obstante quiero llegar el primero, o al menos eso creo, antes quería y bueno ya que estoy aqui, a fin de cuentas es lo que esperan de mi.

Preparados... nos agachamos, cada pie a su sitio, el impulso inicial es la clave para no tener complicaciones, solo tengo que hacer lo que he hecho siempre, bajo la cabeza...

Listos... ya está, es el momento, el cuerpo está acomodado, este momento es inimitable, nuncamas lo volveré a vivir, hay que disfrutarlo.

Ya... salida nula, el de la calle dos se anticipó, tantas prisas para qué.

Nos colocamos de nuevo. Esta vez si es la de verdad, ¿La de antes era de mentira? ¿cómo puede ser una experiencia de mentira.

Preparados... Las experiencias solo pueden ser de una manera, o son o no lo son. O lo que es mas importante, si estoy en la calle cinco ¿el de la cuatro es mi vecino?

Listos... quita esas tonterías de la cabeza, presta atención, y no, no le pidas sal bajo ningún concepto al de la calle cuatro. Pero sin sal el momento será mas soso y no lo disfrutaré tanto.

Yá... el pistoletazo es rotundo y me cgió pensando en la sal que le da sabor a la vida, zancada a zancada, voy recuperando, tengo energía de sobra para llegar al final bien, el aire se adapta a mi cuerpo, el tiempo se detiene, cada impulso, cada exalación, cada centésima es mas nítida que nunca, esto es la sal, que absurda es la vida, y yo corro sin ir a ninguna parte. La meta está ahí, un pequeño esfuerzo final y ya está, si no veo a mis rivales es que están tras de mi... y final. He ganado, se acabó, todo por lo que he luchado siempre aquí se ve reflejado, ya está... noto un golpe en la cabeza y como me desplomo.

¿Qué ha sucedido? pregunto mientras miro mi cuerpo desplomado en el suelo.
Por suerte un pollo asado camina a mi lado y me responde.-La bala de fogueo del disparo de la salida mató a una gaviota que sobrevolaba el estadio y la gaviota calló sobre tu cabeza matándote a ti.

Me siento muy extraño, no por estar muerto, no por no poder disfrutar mi triunfo, sino porque la gaviota murió sin haberme visto ganar la carrera.

XML Relato de una madrugada despejada y de viento suave.

domingo, 3 de abril de 2011

Deleite de un Sueño Efímero

Este es el primero de mis cinco relatos que versan sobre los sueños...


DELEITE DE UN SEUÑO EFÍMERO

Me he dejado llevar de nuevo, como perdiéndome en un mundo del que ya poco recuerdo, como dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar. Pero... ¿sobre qué me hace dudar? Lo cierto es que no se muy bien si dudo sobre si los sueños son la realidad o la realidad es un sueño, o sobre si siendo la realidad lo real y los sueños sueños, no paso demasiado tiempo soñando. Porque son pocos los días que realmente me quedo dormido para luego recordar que he soñado algo, pero sin saber qué he soñado exactamente; y en los que dudo sobre si la vida real es algo mas que un sueño. Quiero decir... ¿Vivo soñando?

Vivir soñando es una muerte anticipada, y para mí la muerte es una de las pocas cosas que no me gustaría que se anticipasen nunca. Vivir soñando es morir porque es vivir en el futuro, y en el futuro mas lejano para todos nosotros, solo existe la muerte, y no quiero entrar ahora en detalles sobre si la muerte es lo último o no, a lo mejor no es lo último de la existencia, pero si de la vida, al menos de la del cuerpo. Y el que sueña es sin duda el cuerpo, porque los sueños, los sueños de cuando uno esta despierto quiero decir; los sueños en los que uno vive, son los sueños que solo el cuerpo puede cumplir, y no dejan de ser sueños forjados en necesidades ilusorias, porque para que necesito yo una cosa u otra; porque sueño con tener esto o aquello; con viajar aquí o allá, y cuando no sueño, pienso en el pasado, en como chafé mis anteriores sueños, y qué difícil se hace centrarse en en el momento, centrarse en que yo vivo ahora, en que... ¡Hey! Es ahora cuando estoy despierto, ¿Por qué estoy despierto, verdad? Si, si lo estoy. Pienso que para ser consciente de que vivo en el presente debo disfrutar de cada momento en el instante en que sucede, pero ¿Y si es un sueño? ¿Disfrutar del sueño es suficiente? El sueño es una ilusión para el futuro, pero lo sueño ahora, entonces si disfruto del sueño ilusorio es como si disfrutase del sueño hecho realidad en el futuro en que sea realmente real y lo esté disfrutando, por tanto lo disfrutaré dos veces, al soñarlo y al vivirlo, y nunca sufriré, porque ¿Quién sueña con el sufrimiento? Y además, si por cualquier caso el sueño no se cumple, pues... no pasará nada, porque ya lo he disfrutado antes, cuando solo era un sueño. Todo esto me lleva a pensar que realmente no estoy despierto, voy a salir a la calle a ver si consigo despertarme.

El sonido de las llaves de mi casa no parece que me vaya a sacar de este letargo, tal vez la brisa que roza mi cara, tal vez el frío, al que permito, abriendo el portal y echando a caminar en plena noche, que se deslice por mi piel, que me acaricie con cada paso y que penetre hasta los huesos, tal vez entonces el frío me despierte. Si la luz de las estrellas mas iridiscentes llegan hasta mí en esta profunda noche, en esta densa ciudad, las luces estelares mas potentes atraviesan sin piedad el leve fulgor de las farolas que apagan las estrellas más tenues, porque la ciudad se dedica a apagar estrellas, la gente se une con el único fin de aglomerarse para que sus calles estén iluminadas por las noches y las estrellas más sutiles se pierdan en la memoria de los que alguna vez estuvieron en un campo olvidado por la civilización. Colgadas sobre mí, las estrellas más desmesuradas atraviesan la muralla creada por la luz de la cuidad y se dejan disfrutar por uno que pasea de noche, siente como la brisa congela lentamente sus orejas, y sabiéndolo o no, duerme. Tal vez me hagan despertar los semáforos, o tal vez solo me permitan llegar al parque sin ser atropellado, aunque tal vez ese camión sea capaz de despertarme, aunque si el sueño es así de hermoso, porqué iba a querer despertarme anticipadamente. ¿Es entonces morir arrollado por un camión de quince metros despertarse? No lo creo. De todos modos sigo con la misma idea, si el sueño es así de hermoso, ¿No compensa disfrutarlo? ¿Y luego disfrutar del despertar cuando llegue? A mi me compensa disfrutar la brisa, las estrellas, los semáforos que me mantienen vivo en esta ciudad de locos y alocados, las fuentes que calman mi sed y me permiten seguir amándola, porque aunque todo sea un sueño, o aunque todo sea real, ella está ahora durmiendo plácida en su cama, arropada, hasta hace tan solo un segundo estaba a mi lado, supuestamente yo despierto e irónicamente ella dormida. Que no precisamente soñando. Aunque ahora sentado en este frío banco, al ver frente a mi la fuente pienso en ella e imagino un brutal asesinato, no se muy bien porque, visualizo esa cama sobre la que está dormida, visualizo un enorme cuchillo empuñado en una desconocida mano derecha, no desconocida porque no sepa de quién es, sino porque no reconozco por qué actúa de ese modo. Veo también esas rodillas clavándose en el colchón a ambos lados de la víctima, porque ciertamente eso es, una víctima. Visualizo como el cuchillo cae con saña, como llega incluso a atravesar el colchón, como la sangre salpica un rostro que ni yo mismo conozco, aún habiéndolo visto toda mi vida. Y visualizo como la cama se tiñe de rojo, como las gotas de sangre penetran los recién formados huecos del colchón y llegan hasta el suelo, con un goteo incesante que no dejará luego dormir al asesino, pero si al asesinado. Y con tantas visualizaciones sigo en el banco frente a la fuente, lo que dudo es si continúo despierto o si estoy soñando, lo que tengo claro es que el agua de la fuente que tengo ante mí se vuelve cada vez más densa, cada instante mas roja, cada gota es mas sangrienta, y siento, de repente, un impulso de lo mas real, tanto como el agua fresca, como la suave y fría brisa, como el blanco de las estrellas, siento el impulso de correr al portal, siento que no necesito llaves para entrar, siento que tengo mas prisa que nunca por volver a mi casa, siento el terror en mi piel, siento que llego a mi salón, que penetro en mi habitación y la encuentro a ella, de rodillas sobre el colchón, con mi cuerpo apuñalado bajo su mirada, o mas bien, la que es ahora la mirada de una desconocida, aunque la haya visto durante toda mi vida, siento un ligero desconcierto, un profundo pavor, no se si estoy vivo o si estoy muerto, si dormido o despierto, pero siento que mi sangre corre, tal vez, de forma anticipada, pero corre a través de una cama destrozada por un cuchillo que yo mismo compré hacía apenas dos semanas, probablemente en un momento en el que sí estaba despierto. Pero ahora sus manos ensangrentadas acarician mi rostro, yo perplejo me observo desde la distancia que la confusión de la muerte me proporciona, sus labios rozan los míos en un beso eterno de buenas noches, no se si eso es amor pero es lo mas parecido que yo he sentido nunca, y finalmente se tumba a mi lado, se acurruca junto a mi cadáver, desliza su mano acariciando mi pecho algo desgarbado y maltrecho, está tan sexy después de haberme matado.
Realmente es una pena, supongo que lo es el que yo no sepa si estar despierto es o no soñar; que yo no sepa si deseo lo que sucede o si hubiera preferido que en lugar de un puñal su arma fuese un beso; es una pena que el tiempo se agote tan deprisa y no nos deje expresar todo lo que realmente sentimos, o lo que soñamos sentir; es una pena que de nuevo y definitivamente me haya vuelto a dejar de llevar, dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar; y es una pena que un incesante goteo, sea ahora lo que no la deja dormir tranquila, que no descansar.

Xulio ML
“Una noche en la que los sueños no llegaban.
Tras un despertar que no me despertó del sueño...”

lunes, 8 de marzo de 2010

Y CAMBIO MI VIDA

Un día del primer mes primaveral de un año que no recuerdo, de un año en el que yo todavía era muy pequeño, sucedió que sin darme cuenta había encaminado mi rumbo.
Esa mañana me levanté, dejé mi pequeño osito de trapo sobre la cama, a pesar de levantarme yo temprano para ir al colegio, a él siempre lo dejaba dormir hasta la hora que le apeteciera, sobretodo no me gustaba que le cogiera ese frio tan estremecedor que se te aferra al destaparte de una cama bien calentita. Me duché como cada mañana, me vestí, desayune mientras veía los dibujos animados. Cogí la mochila y fui a buscar una bufanda al armario de papá. En el armario una pequeña caja plateada llamó mi atención, no pude evitar abrirla. ¡Era hermosa, qué grande y brillante! Nunca había visto una pistola de verdad, y era muy pesada. Mamá hizo sonar el cláxon porque se hacía tarde. Deje todo como estaba y bajé al coche.
Ya llevaba un par de horas en la escuela, cuando comenzó la clase de lengua. Don Emilio comenzó a corregir los ejercicios en voz alta, preguntando a los alumnos, yo no había hecho los deberes, el día anterior me pasé la tarde jugando con Daniel, mi vecino. EL listado se acercaba peligrosamente a mí, iba a quedar mal delante de todos por no saber contestar, por no tener los deberes hechos. Yago había contestado, ese odioso. Le tocó a Carlota, después iba yo en la lista, faltaba muy poco, los nervios se apoderaron de mi, cogí lo primero que encontre en la mochila para tener las manos ocupadas, odiaba al profesor por preguntarme justo el unico día que no traía las tares hechas, lo odiaba por lo mal que explicaba las lecciones y porque siemrpe llegaba tarde a clase, simplemente lo odiaba. Carlota era tan hermosa, con su pelo largo ondulado, su piel morena y su voz, que radiaba ternura con cada palabra, aunque fuese respondiendo a un ejercicio del profesor, su voz me hacía sentir bién. Pero se calló, Don Emilio pronunció mi nombre y le disparé. Certero, un disparo perfecto, entre los ojos. Algo se apoderó de mi en aquel instante, aún hoy no me explico como aquel artefacto acabó en mis manos, juraría haberlo devuelto al armario.
Me separaron de mis padres, me internaron en un colegio, con nueve años no deberían separar a nadie de quién mas quiere, de quien le entiende y le hace sentir bien. Pero Carlota se quedó atrás y ya nunca la he vuelto a ver. Recuerdo cuando nos cogiamos de la mano, cuando prometimos ser novios para siempre, cuando me peleé con David porque se había metido con ella. Me divertía mucho a su lado. Y por un error, un acto insignificante no la he vuelto a ver. He conocido a otras en los siguientes treinta y tres años, pero no es lo mismo. A ella la recuerdo maravillosa.
Aún no se muy bien como me organicé la vida sin saber nada, pero sigo pensando que nada de lo que me sucedió fue justo, y como creo que todo esto en realidad ha sido un sueño demasiado largo, sigo con mi osito de peluche para arroparlo cuando yo me levante temprano y él aún reclame sus merecidos cinco minutos.
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martes, 5 de enero de 2010

AQUELLA NOCHE QUE ME PUSE UNA CARETA BLANCA Y ME MIRE A UN ESPEJO ARMADO CON UN CUCHILLO DE CARNICERO Y UN BOLIGRAFO AZUL

Hoy es uno de esos días, de esos en los que me despierto sin haberme acostado, y me doy miedo, tanto miedo que soy incapaz de asustarme a mi mismo, tanto miedo que sumido en la oscuridad de mi nueva careta me hundo en la luz de la claridad de mi piel. ¿Quién soy? Soy Dios, lo soy porque me veo capaz de arrebatarte la vida, o a mi mismo si es que hablo con mi reflejo. Sin temor alguno pero con miedo, con mucho miedo.

Pero no temas, yo estoy aquí para salvaguardar tus dulces sueños; para que esas gráciles mariposillas caigan fulminadas por la mirada oscura que emanan mis ojos. Y ya sin pelos en la lengua, tu historia.

Llegaste hace dos semanas y te tumbaste sobre el mismo sillón que estás ahora, sobre el mismo en el que has vivido tantos domingos de calma, y sobre el mismo en el que probablemente mueras, pero quién sabe como acaba tu historia. Yo lo se y por eso la cuento. Tras tumbarte cerraste los ojos, dejaste caer tu cabeza hacia detrás como si tu vida fuese un espejismo de una realidad que anhelas. Pero pasado un tiempo, cuando abres los ojos y descubres que vives en la ilusión que has creado a conciencia, a la que has dedicado cada minuto de tu vida y con cuyo resultado no estas conforme. Entonces te duermes como si todos tus errores se desvanecieran. Pero no lo hacen, si lo hicieran no estarías bajo mi control; no te habrías puesto esta careta; no asustarías a lo mas profundo de tu alma; no recordarías tu muerte antes de haberla vivido, no verías tu cuello rebanado ni tu preciado sillón cubierto de sangre. Porque eres feliz. Pero no lo hacen, no se desvanecen porque no te mereces mas que esta careta que minuto a minuto has ido creando hasta completar el vacío de sus ojos negros. Y la vida sigue sin mi, te quitas la careta y de verdad esta vez te duermes.

Despiertas, lo haces porque deseas despertar; porque masoca de ti lloras por recuperar tu putrefacta existencia llena de mentiras y engaños a los que llamas felicidad. Eres feliz, muy feliz, por eso estoy yo aquí y tu sentado ante mi reflejo, porque te inunda la felicidad tanto como los deseos de que tu malvada zurda cruce de un lado a otro empuñando lo que intuyes desde el reflejo a través de esos dos pequeños huecos negros. Pero una vez despierto ya no recuerdas nada, y si recuerdas algo no es sino aquellas mariposillas antes de que yo les arrancara las alas lentamente. Te gustan esas mariposas aún sabiendo que no son reales, porque son las que te alimentan, te dan un amor que no puedes sentir y te obligan a querer despertarte cada mañana.

Yo te amo, las mariposas ni siquiera tú sabes de donde salieron, yo he salido de tu mirada, si observas esta careta en sus ojos descubrirás el amor que albergas en mi interior, o en el tuyo si es que estas hablando con un reflejo.

Te voy a contar el final de la historia. Al final mueres y te encuentras conmigo, pero antes, como cada noche en estas dos ultimas semanas, te tumbas en tu sofá y te liberas de un estrés que no tienes. Cierras los ojos, abres las manos desarmándome y te duermes para, consciente de mi, seguir soñando con las mariposas de colores, que cada día cambian sus alas para que no te aburras demasiado.

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viernes, 10 de julio de 2009

Carta a un amigo

Tan largo tiempo ha transcurrido desde nuestro último encuentro que vagamente recuerdo el tono de su voz amigo, te comento que me hube refugiado en mi mismo por los últimos meses, pasé ciertos apuros, económicos y emocionales, pero ahora ya estoy trabajando en nuevo libro.

Le cuento que me paso:
La desolación podía conmigo, sucedió en un tiempo en el que todo parecía ir a peor. Hambriento, caminaba junto al escritorio, abandonado por todos me abandoné a mi mismo. En la soledad caí en una profunda depresión, que me llevó al suicidio. Cada camino me llevaba a él, cada pensamiento, y finalmente cada objeto. Estaba decidido a hacerlo, pero dudaba en como.

Tantos modos de morir se me ocurrían, que opté por que un disparo certero atravesara mi corazón.

Coloqué un sencillo reloj a la escopeta para que se envalentonara y apretara el gatillo en mi lugar. Frente a ella me esposé a una silla, moriría a las 17.59 horas, era mi último día y no me apetecía madrugar. Faltaban solo un par de minutos, hacía ya al menos diez que estaba inmovilizado a la silla, eran mis últimos pensamientos, quería estar tranquilo, todo llegaría a su fin en breve.
17.58 Un ser extraño se apareció frente a mi, el deseo de morir en soledad se había desvanecido por una alucinación. Era un tipo algo extraño, ni bien se presento...
Soy Dios, pero puede llamarme ¡Oh mi Señor!
...y pum. Un simple disparo, una escopeta hizo que sus divinas tripas volaran por los aires manchando mi rostro de sangre celestial.

Llegué en ese instante a amar a Dios por haberme salvado, me hizo ver que no quiero morir, es una pena que la poca fe que tenía desapareciera del todo al ver su cadáver sobra mi hermosa alfombra echada a perder.

Tardé en romper la silla y esperar a que salieran las llaves de las esposas, pero cuando lo logré no tardé en redactarlo, comencé otro libro, la inspiración me inundó, las letras fluían, sin duda alguna amigo, de buena fuente que soy yo te puedo decir que, Dios ha muerto. Es el momento del hombre.


Te saluda y desea recibir pronto noticias tuyas tu amigo Friedrich N.

jueves, 23 de abril de 2009

Rodrigo

Sentaos aquí a mi alrededor que hoy voy a hablaros del egoísmo y el egocentrismo.
Lo cierto es que el ego está mal visto, ser egocéntrico es... bueno no se como explicarlo, pero si no lo se explicar yo ¿Quién iba a poder hacerlo? Obviamente nadie. Una persona egoísta es una que piensa más en si misma que en mí, y eso no es bueno. Aunque ahora que lo pienso a lo mejor yo no soy la persona más indicada para hablar de este tema.
¡Qué diablos claro que lo soy! Ser egoísta es coger el último trozo de pollo que queda en el plato, pero yo no creo que debamos juzgar a nadie a partir de un muslito, yo siempre soy el que agarra el último trozo de pollo, pero lo hago para que nadie piense que los demás son egoístas, ya que yo soy conocido por mi humildad. Pero que decir ahora del egoísmo que yo no haya dicho ya en otra ocasión.

Recuerdo una pequeña historia que habla del egoísmo:

El Sol comenzaba a despuntar por el horizonte, la luna yacía tumbada sobre la arena de la playa que hay en el cobertizo y los peces cantaban como cada mañana. La mujer de Rolphy, Almira, había salido a dar un paseo hacía dos semanas y aún no había vuelto. Rolphy que era un hombre bastante avispado se percató esa mañana al levantarse de que faltaba algo, pero no sabía lo qué, y que quizás les habían entrado a robar así que tomó un bate de béisbol con su mano derecha, por si los ladrones aún seguían en la casa, y se dirigió al dormitorio para comentárselo a su mujer, fue entonces cuando se percató de que era ella aquello que él echaba en falta en la casa.
-Con razón apenas me queda ropa limpia- se dijo mientras marcaba en el teléfono- Martín, que soy Rolphy, dile a tu mujer que se ponga. Martina, si, mira, que quería preguntarte que... ¿Cómo se pone la lavadora?- y en cuanto colgó puso a lavar su ropa. Más tarde llamó para preguntar como se tendía la ropa. A los cinco días volvió a telefonear para preguntar cuando había que recoger la ropa. Más tarde llamó nuevamente a Martina para preguntarle cómo se planchaba. Cuando volvió a llamar para preguntar donde estaba la plancha Martina se había suicidado.
Rolphy y Martín se fueron conociendo poco a poco hasta enamorarse e irse a vivir juntos, al principio resultaba todo un tanto extraño ya que ninguno de los dos sabía cocinar, ni doblar la ropa, ni barrer los platos o fregar el suelo. Pero al cabo de cinco meses la situación mejoró cuando Almira regresó de su paseo por el parque. A partir de ese día los tres iniciaron una relación amorosa que duraría hasta el final de sus vidas o cuanto menos hasta el día de su muerte.

La historia nos muestra que Almira fue muy egoísta al irse a dar un paseo sabiendo que iba a volver tarde sin dejar ninguna nota. Y nos enseña a pensar un poco en los demás antes de hacer lo que nos de la gana así a lo loco.
Sin duda el egoísmo es muy malo, yo por suerte soy una persona maravillosa y nada egocéntrica ni egoísta.
-Venga Rodrigo que es la hora de la medicación, y no se entretenga mucho rato más hablando con las plantas que antes de las diez hay que estar en cama.
-Mis amigos han venido a escucharme, están siempre aquí para escuchar lo que les digo, no como vosotros que me tomáis por loco.
-No diga eso Rodrigo, sabe perfectamente que nosotros nunca llamamos loco a nadie.
-Ya es cierto, solo dicen que tengo trastornos de la realidad. Váyase usted al carajo con su realidad, algún día mis amigos y yo nos largaremos de aquí y triunfaremos en la vida.

(Lo curioso es que al día siguiente de suceder esto en el centro psiquiátrico de Alburquerque, el interno Rodrigo y las cuatro plantas que estaban en la esquina del salón del televisor habían desaparecido. A los cinco años de suceder esto en las cercanías del centro psiquiátrico fue inaugurado el Rodrigo's, la mayor cadena de invernaderos de Europa y cada tarde personas de todas partes acuden al invernadero central para escuchar las historias sobre las virtudes y los vicios humanos que Rodrigo cuenta a todos los amigos que han ido a escucharle).
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