viernes, 13 de mayo de 2011

Desandar lo andado

El otro día intenté desandar lo andado, y terminé caminando en círculos. No es que los círculos no me gusten, francamente prefiero caminar en círculos antes que en pentágonos, y si seguimos por ahí tengo menos posibilidades de que me manden a la hoguera. Los siglos inquisitorios fueron muy desconcertantes debido a que la gente que no caminaba en círculos lo hacía en pentágonos, hasta que de pronto llegó un revolucionario y se puso a caminar en linea recta. Parecerá una tontería pero con ese hombre tan revolucionario. ¡La linea recta! ¡Vaya un idiota! Le decían los que caminaban en círculos y los rebeldes que circunscribían pentágonos. Pero el siguió caminando en linea recta y por fin, consiguió salir de casa y llegar a un punto en concreto. Ahora nos parece absurdo, unos cuantos siglos después, pero en alquel momento era todo un hallazgo, un testigo comenta el hecho. "Fue algo increíble, nunca había visto nada igual, estaba aquí, y llegó hasta allí. Sublime." Obviamente al hombre lo acabaron tirando a la hoguera, hecho en el cual estuvieron de acuerdo tanto los que caminaban en círculos como los que caminaban en pentágonos. Como es lógico hace apenas unos meses los culpables de quemarle le pidieron disculpas. Y él, desde el otro lado por supuesto, contesto que sí que las disculpas estaban muy bien, pero que por favor las acompañasen de una buena lasaña con mermelada.

Claro que por otra parte desandar lo andado no tiene mucho sentido a menos que hayas perdido las llaves en algún punto del camino y no puedas identificar en cual.

Notas del Profesor Expertus de la universidad de xxxxxxxxxxxxx (dicha universidad ha preferido no revelar su nombre para no ser directamente relacionada con el profesor).

domingo, 17 de abril de 2011

Timofónica Capítulo primero, o cuando llamé porque se me calló la linea y no habia nadie capacitado para levantarla.

Al llamar a Timofónica cuando tenemos una avería nos encontramos con uno de sus más populares empleados, él es un hombre o mujer, dependiendo de su sexo, venido de las américas para mejorar su calidad de vida, para ser feliz y enriquecer nuestra sociedad con sus conocimientos y tradiciones que nos ayudaran alcanzar una diversidad cultural en la que todos puedan convivir en paz y armonía, pero que está algo mal pagado. Pero tras veinte minutos de intensa conversación, “pero vamos a ver, ya se lo he explicado a tus dos compañeros, a los cuales mi problema no resulto ser de su competencia, y ahora, ¿te lo tengo que explicar a ti otra vez?” En ese momento agravan tu problema, si lo agravan, porque el fallo de la linea sigue estando ahí, pero tu crispación ya está en un nivel, que el antes inmigrante venido de las americas para alcanzar la felicidad y enriquecer nuestra sociedad con sus raíces culturales pero que esta mal pagado, pasa a ser un sudaca malparido.
Por eso que la gente no es racista, es la telefonía, que les corrompe.
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domingo, 3 de abril de 2011

Deleite de un Sueño Efímero

Este es el primero de mis cinco relatos que versan sobre los sueños...


DELEITE DE UN SEUÑO EFÍMERO

Me he dejado llevar de nuevo, como perdiéndome en un mundo del que ya poco recuerdo, como dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar. Pero... ¿sobre qué me hace dudar? Lo cierto es que no se muy bien si dudo sobre si los sueños son la realidad o la realidad es un sueño, o sobre si siendo la realidad lo real y los sueños sueños, no paso demasiado tiempo soñando. Porque son pocos los días que realmente me quedo dormido para luego recordar que he soñado algo, pero sin saber qué he soñado exactamente; y en los que dudo sobre si la vida real es algo mas que un sueño. Quiero decir... ¿Vivo soñando?

Vivir soñando es una muerte anticipada, y para mí la muerte es una de las pocas cosas que no me gustaría que se anticipasen nunca. Vivir soñando es morir porque es vivir en el futuro, y en el futuro mas lejano para todos nosotros, solo existe la muerte, y no quiero entrar ahora en detalles sobre si la muerte es lo último o no, a lo mejor no es lo último de la existencia, pero si de la vida, al menos de la del cuerpo. Y el que sueña es sin duda el cuerpo, porque los sueños, los sueños de cuando uno esta despierto quiero decir; los sueños en los que uno vive, son los sueños que solo el cuerpo puede cumplir, y no dejan de ser sueños forjados en necesidades ilusorias, porque para que necesito yo una cosa u otra; porque sueño con tener esto o aquello; con viajar aquí o allá, y cuando no sueño, pienso en el pasado, en como chafé mis anteriores sueños, y qué difícil se hace centrarse en en el momento, centrarse en que yo vivo ahora, en que... ¡Hey! Es ahora cuando estoy despierto, ¿Por qué estoy despierto, verdad? Si, si lo estoy. Pienso que para ser consciente de que vivo en el presente debo disfrutar de cada momento en el instante en que sucede, pero ¿Y si es un sueño? ¿Disfrutar del sueño es suficiente? El sueño es una ilusión para el futuro, pero lo sueño ahora, entonces si disfruto del sueño ilusorio es como si disfrutase del sueño hecho realidad en el futuro en que sea realmente real y lo esté disfrutando, por tanto lo disfrutaré dos veces, al soñarlo y al vivirlo, y nunca sufriré, porque ¿Quién sueña con el sufrimiento? Y además, si por cualquier caso el sueño no se cumple, pues... no pasará nada, porque ya lo he disfrutado antes, cuando solo era un sueño. Todo esto me lleva a pensar que realmente no estoy despierto, voy a salir a la calle a ver si consigo despertarme.

El sonido de las llaves de mi casa no parece que me vaya a sacar de este letargo, tal vez la brisa que roza mi cara, tal vez el frío, al que permito, abriendo el portal y echando a caminar en plena noche, que se deslice por mi piel, que me acaricie con cada paso y que penetre hasta los huesos, tal vez entonces el frío me despierte. Si la luz de las estrellas mas iridiscentes llegan hasta mí en esta profunda noche, en esta densa ciudad, las luces estelares mas potentes atraviesan sin piedad el leve fulgor de las farolas que apagan las estrellas más tenues, porque la ciudad se dedica a apagar estrellas, la gente se une con el único fin de aglomerarse para que sus calles estén iluminadas por las noches y las estrellas más sutiles se pierdan en la memoria de los que alguna vez estuvieron en un campo olvidado por la civilización. Colgadas sobre mí, las estrellas más desmesuradas atraviesan la muralla creada por la luz de la cuidad y se dejan disfrutar por uno que pasea de noche, siente como la brisa congela lentamente sus orejas, y sabiéndolo o no, duerme. Tal vez me hagan despertar los semáforos, o tal vez solo me permitan llegar al parque sin ser atropellado, aunque tal vez ese camión sea capaz de despertarme, aunque si el sueño es así de hermoso, porqué iba a querer despertarme anticipadamente. ¿Es entonces morir arrollado por un camión de quince metros despertarse? No lo creo. De todos modos sigo con la misma idea, si el sueño es así de hermoso, ¿No compensa disfrutarlo? ¿Y luego disfrutar del despertar cuando llegue? A mi me compensa disfrutar la brisa, las estrellas, los semáforos que me mantienen vivo en esta ciudad de locos y alocados, las fuentes que calman mi sed y me permiten seguir amándola, porque aunque todo sea un sueño, o aunque todo sea real, ella está ahora durmiendo plácida en su cama, arropada, hasta hace tan solo un segundo estaba a mi lado, supuestamente yo despierto e irónicamente ella dormida. Que no precisamente soñando. Aunque ahora sentado en este frío banco, al ver frente a mi la fuente pienso en ella e imagino un brutal asesinato, no se muy bien porque, visualizo esa cama sobre la que está dormida, visualizo un enorme cuchillo empuñado en una desconocida mano derecha, no desconocida porque no sepa de quién es, sino porque no reconozco por qué actúa de ese modo. Veo también esas rodillas clavándose en el colchón a ambos lados de la víctima, porque ciertamente eso es, una víctima. Visualizo como el cuchillo cae con saña, como llega incluso a atravesar el colchón, como la sangre salpica un rostro que ni yo mismo conozco, aún habiéndolo visto toda mi vida. Y visualizo como la cama se tiñe de rojo, como las gotas de sangre penetran los recién formados huecos del colchón y llegan hasta el suelo, con un goteo incesante que no dejará luego dormir al asesino, pero si al asesinado. Y con tantas visualizaciones sigo en el banco frente a la fuente, lo que dudo es si continúo despierto o si estoy soñando, lo que tengo claro es que el agua de la fuente que tengo ante mí se vuelve cada vez más densa, cada instante mas roja, cada gota es mas sangrienta, y siento, de repente, un impulso de lo mas real, tanto como el agua fresca, como la suave y fría brisa, como el blanco de las estrellas, siento el impulso de correr al portal, siento que no necesito llaves para entrar, siento que tengo mas prisa que nunca por volver a mi casa, siento el terror en mi piel, siento que llego a mi salón, que penetro en mi habitación y la encuentro a ella, de rodillas sobre el colchón, con mi cuerpo apuñalado bajo su mirada, o mas bien, la que es ahora la mirada de una desconocida, aunque la haya visto durante toda mi vida, siento un ligero desconcierto, un profundo pavor, no se si estoy vivo o si estoy muerto, si dormido o despierto, pero siento que mi sangre corre, tal vez, de forma anticipada, pero corre a través de una cama destrozada por un cuchillo que yo mismo compré hacía apenas dos semanas, probablemente en un momento en el que sí estaba despierto. Pero ahora sus manos ensangrentadas acarician mi rostro, yo perplejo me observo desde la distancia que la confusión de la muerte me proporciona, sus labios rozan los míos en un beso eterno de buenas noches, no se si eso es amor pero es lo mas parecido que yo he sentido nunca, y finalmente se tumba a mi lado, se acurruca junto a mi cadáver, desliza su mano acariciando mi pecho algo desgarbado y maltrecho, está tan sexy después de haberme matado.
Realmente es una pena, supongo que lo es el que yo no sepa si estar despierto es o no soñar; que yo no sepa si deseo lo que sucede o si hubiera preferido que en lugar de un puñal su arma fuese un beso; es una pena que el tiempo se agote tan deprisa y no nos deje expresar todo lo que realmente sentimos, o lo que soñamos sentir; es una pena que de nuevo y definitivamente me haya vuelto a dejar de llevar, dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar; y es una pena que un incesante goteo, sea ahora lo que no la deja dormir tranquila, que no descansar.

Xulio ML
“Una noche en la que los sueños no llegaban.
Tras un despertar que no me despertó del sueño...”

lunes, 8 de marzo de 2010

Y CAMBIO MI VIDA

Un día del primer mes primaveral de un año que no recuerdo, de un año en el que yo todavía era muy pequeño, sucedió que sin darme cuenta había encaminado mi rumbo.
Esa mañana me levanté, dejé mi pequeño osito de trapo sobre la cama, a pesar de levantarme yo temprano para ir al colegio, a él siempre lo dejaba dormir hasta la hora que le apeteciera, sobretodo no me gustaba que le cogiera ese frio tan estremecedor que se te aferra al destaparte de una cama bien calentita. Me duché como cada mañana, me vestí, desayune mientras veía los dibujos animados. Cogí la mochila y fui a buscar una bufanda al armario de papá. En el armario una pequeña caja plateada llamó mi atención, no pude evitar abrirla. ¡Era hermosa, qué grande y brillante! Nunca había visto una pistola de verdad, y era muy pesada. Mamá hizo sonar el cláxon porque se hacía tarde. Deje todo como estaba y bajé al coche.
Ya llevaba un par de horas en la escuela, cuando comenzó la clase de lengua. Don Emilio comenzó a corregir los ejercicios en voz alta, preguntando a los alumnos, yo no había hecho los deberes, el día anterior me pasé la tarde jugando con Daniel, mi vecino. EL listado se acercaba peligrosamente a mí, iba a quedar mal delante de todos por no saber contestar, por no tener los deberes hechos. Yago había contestado, ese odioso. Le tocó a Carlota, después iba yo en la lista, faltaba muy poco, los nervios se apoderaron de mi, cogí lo primero que encontre en la mochila para tener las manos ocupadas, odiaba al profesor por preguntarme justo el unico día que no traía las tares hechas, lo odiaba por lo mal que explicaba las lecciones y porque siemrpe llegaba tarde a clase, simplemente lo odiaba. Carlota era tan hermosa, con su pelo largo ondulado, su piel morena y su voz, que radiaba ternura con cada palabra, aunque fuese respondiendo a un ejercicio del profesor, su voz me hacía sentir bién. Pero se calló, Don Emilio pronunció mi nombre y le disparé. Certero, un disparo perfecto, entre los ojos. Algo se apoderó de mi en aquel instante, aún hoy no me explico como aquel artefacto acabó en mis manos, juraría haberlo devuelto al armario.
Me separaron de mis padres, me internaron en un colegio, con nueve años no deberían separar a nadie de quién mas quiere, de quien le entiende y le hace sentir bien. Pero Carlota se quedó atrás y ya nunca la he vuelto a ver. Recuerdo cuando nos cogiamos de la mano, cuando prometimos ser novios para siempre, cuando me peleé con David porque se había metido con ella. Me divertía mucho a su lado. Y por un error, un acto insignificante no la he vuelto a ver. He conocido a otras en los siguientes treinta y tres años, pero no es lo mismo. A ella la recuerdo maravillosa.
Aún no se muy bien como me organicé la vida sin saber nada, pero sigo pensando que nada de lo que me sucedió fue justo, y como creo que todo esto en realidad ha sido un sueño demasiado largo, sigo con mi osito de peluche para arroparlo cuando yo me levante temprano y él aún reclame sus merecidos cinco minutos.
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martes, 5 de enero de 2010

AQUELLA NOCHE QUE ME PUSE UNA CARETA BLANCA Y ME MIRE A UN ESPEJO ARMADO CON UN CUCHILLO DE CARNICERO Y UN BOLIGRAFO AZUL

Hoy es uno de esos días, de esos en los que me despierto sin haberme acostado, y me doy miedo, tanto miedo que soy incapaz de asustarme a mi mismo, tanto miedo que sumido en la oscuridad de mi nueva careta me hundo en la luz de la claridad de mi piel. ¿Quién soy? Soy Dios, lo soy porque me veo capaz de arrebatarte la vida, o a mi mismo si es que hablo con mi reflejo. Sin temor alguno pero con miedo, con mucho miedo.

Pero no temas, yo estoy aquí para salvaguardar tus dulces sueños; para que esas gráciles mariposillas caigan fulminadas por la mirada oscura que emanan mis ojos. Y ya sin pelos en la lengua, tu historia.

Llegaste hace dos semanas y te tumbaste sobre el mismo sillón que estás ahora, sobre el mismo en el que has vivido tantos domingos de calma, y sobre el mismo en el que probablemente mueras, pero quién sabe como acaba tu historia. Yo lo se y por eso la cuento. Tras tumbarte cerraste los ojos, dejaste caer tu cabeza hacia detrás como si tu vida fuese un espejismo de una realidad que anhelas. Pero pasado un tiempo, cuando abres los ojos y descubres que vives en la ilusión que has creado a conciencia, a la que has dedicado cada minuto de tu vida y con cuyo resultado no estas conforme. Entonces te duermes como si todos tus errores se desvanecieran. Pero no lo hacen, si lo hicieran no estarías bajo mi control; no te habrías puesto esta careta; no asustarías a lo mas profundo de tu alma; no recordarías tu muerte antes de haberla vivido, no verías tu cuello rebanado ni tu preciado sillón cubierto de sangre. Porque eres feliz. Pero no lo hacen, no se desvanecen porque no te mereces mas que esta careta que minuto a minuto has ido creando hasta completar el vacío de sus ojos negros. Y la vida sigue sin mi, te quitas la careta y de verdad esta vez te duermes.

Despiertas, lo haces porque deseas despertar; porque masoca de ti lloras por recuperar tu putrefacta existencia llena de mentiras y engaños a los que llamas felicidad. Eres feliz, muy feliz, por eso estoy yo aquí y tu sentado ante mi reflejo, porque te inunda la felicidad tanto como los deseos de que tu malvada zurda cruce de un lado a otro empuñando lo que intuyes desde el reflejo a través de esos dos pequeños huecos negros. Pero una vez despierto ya no recuerdas nada, y si recuerdas algo no es sino aquellas mariposillas antes de que yo les arrancara las alas lentamente. Te gustan esas mariposas aún sabiendo que no son reales, porque son las que te alimentan, te dan un amor que no puedes sentir y te obligan a querer despertarte cada mañana.

Yo te amo, las mariposas ni siquiera tú sabes de donde salieron, yo he salido de tu mirada, si observas esta careta en sus ojos descubrirás el amor que albergas en mi interior, o en el tuyo si es que estas hablando con un reflejo.

Te voy a contar el final de la historia. Al final mueres y te encuentras conmigo, pero antes, como cada noche en estas dos ultimas semanas, te tumbas en tu sofá y te liberas de un estrés que no tienes. Cierras los ojos, abres las manos desarmándome y te duermes para, consciente de mi, seguir soñando con las mariposas de colores, que cada día cambian sus alas para que no te aburras demasiado.

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