Miradas grisaceas, llanto del
firmamento. Hojas tostadas que vuelan hasta el suelo, que mas que
volar parece que caigan, como si fuesen lágrimas de grandes y
robustos castaños. Charcos en medio de todos los caminos.
Botas de lluvia, gente que zigzaguea entre las lágrimas de las
nubes y los castaños; niños que saltan a pies juntos y
salpican; niños que patean los montículos de lágrimas
secas de castaño que acumula el viento. Un transeúnte
que camina pensativo, una joven cubierta por un paraguas, una señora
y su nieto mendigandole gotas a una fuente de piedra...
Definitivamente si, es Octubre.
martes, 2 de octubre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
Lo Profundo de la Banalidad
Capítulo 1: ¿Cómo
conseguirlo?
Soy un vaso de cristal. Soy un vaso,
mi piel es cristal, mi boca es grande y redonda, mi culo plano y
grueso. Soy un vaso bajito y gordo, no uno de esos vasos altos y
delgados.
Voz en Off
Un pato come pan a las tres
de la tarde, lo acompaña con un sorbo de agua, pero no utiliza
un vaso. ¡Oh! Pobre vaso, que jamás será usado
por un pato.
Un ninja se disfraza de
pato y va al parque a las siete de la mañana, se mete en la
charca con los demás patos. El tiempo pasa y llegan las tres
de la tarde, el pato come pan a las tres de la tarde y el ninja come
pato. El pato se asusta y traga saliva; el ninja lo mira fijamente
mientras se acaba de comer el pato; el pato da un sorbo de agua, esta
vez si de un vaso; el pato utiliza un vaso pero el ninja ya no mira
al pato porque se lo ha comido, y también al vaso.
La voz en Off se niega a
continuar
Soy un vaso de cristal, hoy
ha sido un día muy soleado. Un pato ha bebido de mí y
un ninja me ha comido, me encuentro en el estómago de un ninja
junto a un pato que no para de mirarme. Tengo sed.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Preguntas Frecuentes ¿Cuántos Trucos te Sabes?
A menudo después de una
actuación o de una pequeña sesión de magia, los
espectadores y espectatrices se acercan al artista movidos por la
curiosidad y aprovechan la ocasión de conversar con él.
Esto sucede sobre todo en sesiones de magia improntu, calle,
encuentros informales o sesiones privadas.
Es lógico que la curiosidad
aflore, cada vez que uno se acerca a un artista de cualquier tipo la
curiosidad se despierta. Si alguien te dice que es albañil, lo
asumes, si es mago o escultor quieres saber por qué. Y es que
las artes, entre otras cosas, están para eso, para destacar,
para llamar la atención. Y al igual que en el cine o la
pintura, en la magia surgen preguntas características,
preguntas que se asocian a la profesión y se acaban por
convertir en preguntas frecuentes.
Una pregunta que me gusta
especialmente es:
¿Cuántos
trucos te sabes?
Inicialmente me costaba
mucho responder a una pregunta así. Porque todo su enfoque
choca frontalmente con mi forma de ver la magia. Mi primera reacción
al encontrarme esta pregunta por primera vez creo que fue dudar, y
simplemente decir que muchos. Creo que es una reacción
bastante natural pero no es sincera en absoluto. Y alguien que te
pregunta algo tan personal, como lo es preguntarle a un artista
acerca de su trabajo, merece al menos sinceridad.
Primero habría que
entender bien la pregunta. Consta de dos partes. Trucos y sabes. Son
las palabras clave. ¿Cuántos? esa es la pregunta, cuya
respuesta lógica sería un número o algo
referente a una cantidad, pero esa respuesta es imposible porque las
palabras “trucos” y “sabes” no permiten llegar a una
cantidad.
Sabes: Esta es la otra
palabra clave. Saber, conocer... Yo jamás le preguntaría
a un matemático cuantos problemas ha resuelto o cuantos
conoce. Porque la respuesta sería la misma que la que te puede
dar un ilusionista. Demasiados, tantos como es posible imaginar. Hay
que entender que la vida de un artista es el arte al que representa.
Un juego de magia en cierto modo se parece a un problema matemático,
hay una idea que se plantea, y muchos, muchísimos caminos para
conseguir llegar a ella.
Si me preguntas cuántos
juegos tengo en mi repertorio, cuántos han pasado la prueba de
fuego y los hago ante público, pues no lo sé, puede que
cincuenta, tal vez cien. Si me preguntas cuantos juegos de los que
hago representan mi forma de ver la magia. Tal vez tres. Si me
preguntas cuántos juegos conozco... eso es muy confuso.
Conocer profundamente muy pocos, conocer de vista demasiados, entre
juegos leídos, versiones de esos juegos, versiones de
versiones de ellos, juegos vistos, practicados, imaginados, ideas y
pajas mentales que se quedaron por el camino... sencillamente
demasiados.
Por eso que entendiendo la
pregunta, no puedo responder simplemente. ¡No sé,
muchos!
Tampoco aburrir con una
disertación oral sobre el tema, pero alguien que hace una
pregunta tan íntima a un artista, merece sinceridad. Al menos
saber que truco es una palabra fea, y saber que la magia es la vida y
pasión del mago, y que los juegos son para él como las
palabras para un escritor, hay que indagar mucho en ellas para
encontrar las adecuadas. En el caso de la magia, hay que profundizar
mucho para hacer una magia personalizada y por el camino se aprenden
infinidad de “palabras”.
XulioML
sábado, 8 de septiembre de 2012
Las Espinacas no son Algas, por el Profesor Expertus
Hay quien pueda llegar a
pensar que las espinacas son algas, y no es así. Este rumor
tan extendido entre los divulgadores científicos tuvo origen a
mediados de los años noventa, más o menos el tres de
octubre de dos mil dos. Cuando un biólogo marino argentino
encontró una espina de un pez en su lasaña de
espinacas.
-Acá hay una espina.
-¿Dónde? ¿Una
espina?
-Sí una espina, acá.
De ahí viene la
confusión, al encontrar una espina en una espinaca se dedujo
que la espinaca era un tipo de alga carnívora que se alimenta
de peces espinosos o de puercoespines marinos, también
llamados erizos de mar, equinoidea o erinaceinae máximus
marinus. Podríamos indagar también sobre cómo el
erizo de mar salió del agua para subirse a un ratón,
dando lugar al erizo común. Aunque no está muy claro si
fue el de mar el que salió o si en realidad los erizos de mar
son erizos muy perdidos que se están ahogando, eso explicaría
por qué se mueven tan lentamente bajo el agua y por qué
solo se arrastran por el fondo marino, evidentemente buscando la
orilla.
El rumor por tanto queda
completamente desmentido.
Hay muchas historias que
relacionan a las algas con las espinacas. Popeye es el ejemplo más
próximo. Es fácil pensar que al ser un marinero tuviese
acceso a las algas, como siempre tenía espinacas en sus manos,
es posible llegar a la siguiente conclusión: Las espinacas son
algas. Pero esto es completamente absurdo. ¿Acaso alguien ha
visto alguna vez una lata de espinacas en el mar? Hay quien dice que
las espinacas tienen mucho hierro, esto es muy cierto, la lata en la
que vienen es férrea en un 76,3%, el 33,2% restante es
poliester. Por otro lado el motivo por el que Popeye se fortalecía
de ese modo al tomarlas era psicosomático. Cuando era pequeño
a Popeye le daban fuertes dosis de éxtasis mezcladas con
anabolizantes en una lata de espinacas. Por ello cada vez que toma
algo de un recipiente de similares características (76,3%...)
su cerebro lo asimila de tal forma que exterioriza los síntomas
de las drogas ingeridas en su infancia.
Para finalizar solamente
mencionar que, como todas las verduras de hoja verde oscura, la
spinacia oleracea posee unas extraordinarias propiedades
alucinatorias. Por lo que es bastante probable que tras ingerir una
serie de comidas basadas en espinacas se sienta cierta hinchazón
en la zona abdominal, y que ello genere ciertos gases con propiedades
alucinógenas que afectan tanto al que ha comido las verduras
como al resto de los presentes.
Con este artículo
espero haber aclarado algunas de las dudas principales sobre las
espinacas que asaltaban a la comunidad científica.
Artículo extraído de las "Notas del Profesor Expertus" de la universidad xxxxxxxxxxxxx. (Dicha universidad ha preferido no revelar su nombre para no ser directamente relacionada con el profesor.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Borracho y Sediento de Sangre
Hace dos meses y medio
conocí a la verdulera. Me acerqué a la verdulería
con intenciones de comprar zanahorias y un tomate. No me gusta el
tomate pero me encanta dejar uno en el balcón y ver como
se pudre. Me encanta sentarme en el sillón, comer una
zanahoria y mirar como un tomate se pudre.
Al ir a comprar las
zanahorias y el tomate, había una verdulera nueva. Una mujer
mas o menos de mi edad. Al pagar la invité a ver pudrirse el
tomate y me dijo que a ella también le gustaban mucho las
zanahorias, por lo que quedamos para esa misma tarde.
Le abrí la puerta de
casa y nos saludamos de un modo muy tímido.
-¿Dónde está
el tomate?- preguntó. Yo lo había dispuesto todo, los
detalles eran perfectos para pasar una tarde maravillosa, los
sillones de una plaza orientados al balcón, el tomate sobre la
barandilla y unas cuantas zanahorias bien lavadas y peladas sobre un
plato, en una mesita de té que había colocado
minuciosamente frente a los sillones. Todo, absolutamente todo era
perfecto.
Nos sentamos y observamos
el tomate. Comimos alguna zanahoria, aunque menos de las que yo
esperaba, y pronto llegó la noche. Nos despedimos hasta el día
siguiente.
-Aún está un
poco verde.- Dijo ella mientras cogía su abrigo del perchero.
-Sí, mañana
seguro que ya estará resplandeciente.
Al día siguiente repetimos la experiencia. Y continuamos nuestros encuentros durante
varias semanas. En pocos días el tomate se puso en un tono
rojo muy vivo. Nosotros nunca cambiábamos nada. Un par de
frases escuetas y un completo silencio solo aderezado por los ruidos
que una ciudad genera, por algún que otro duro mordisco a una
zanahoria y por un tomate que se dejaba observar.
Inicialmente el tomate
estaba algo verde, luego estuvo resplandeciente unos días y
era verdaderamente majestuoso, un tomate impresionante. Luego empezó
a menguar muy lentamente, casi sin que ninguno de los dos nos
pudiésemos dar cuenta. Primero era muy sutil, empezó
perdiendo el tono verde de sus hojas diminutas, empezó a
arrugarse cada vez más y el moho comenzó a brotar donde
antes había un verde radiante. El color rojo cada vez era más
apagado. Pronto se secó por dentro, se hizo un tomate pequeño
y arrugado. Un tomate feo.
Nosotros seguíamos
viendo como cada vez avanzaba más y más el estado de
descomposición del tomate. Al cabo de un mes y medio del
tomate no quedaba casi nada, costaba incluso observarlo. Y
finalmente, dejó de ser tomate, cualquiera que lo viera a los
dos meses no podría adivinar que eso había sido un
tomate.
Estuvimos unos días
sin vernos, porque ya no había tomate que observar. Yo no
sabía que hacer, a lo mejor resultaría muy violento ir
a comprar otro tomate. Pero me llené de valor y fui de todos
modos.
Al ir a pagar me dijo:
-Esta vez lleva un kiwi,
creo que tardan ocho meses en pudrirse del todo.
XulioML
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