Este es el primero de mis cinco relatos que versan sobre los sueños...
DELEITE DE UN SEUÑO EFÍMERO
Me he dejado llevar de nuevo, como perdiéndome en un mundo del que ya poco recuerdo, como dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar. Pero... ¿sobre qué me hace dudar? Lo cierto es que no se muy bien si dudo sobre si los sueños son la realidad o la realidad es un sueño, o sobre si siendo la realidad lo real y los sueños sueños, no paso demasiado tiempo soñando. Porque son pocos los días que realmente me quedo dormido para luego recordar que he soñado algo, pero sin saber qué he soñado exactamente; y en los que dudo sobre si la vida real es algo mas que un sueño. Quiero decir... ¿Vivo soñando?
Vivir soñando es una muerte anticipada, y para mí la muerte es una de las pocas cosas que no me gustaría que se anticipasen nunca. Vivir soñando es morir porque es vivir en el futuro, y en el futuro mas lejano para todos nosotros, solo existe la muerte, y no quiero entrar ahora en detalles sobre si la muerte es lo último o no, a lo mejor no es lo último de la existencia, pero si de la vida, al menos de la del cuerpo. Y el que sueña es sin duda el cuerpo, porque los sueños, los sueños de cuando uno esta despierto quiero decir; los sueños en los que uno vive, son los sueños que solo el cuerpo puede cumplir, y no dejan de ser sueños forjados en necesidades ilusorias, porque para que necesito yo una cosa u otra; porque sueño con tener esto o aquello; con viajar aquí o allá, y cuando no sueño, pienso en el pasado, en como chafé mis anteriores sueños, y qué difícil se hace centrarse en en el momento, centrarse en que yo vivo ahora, en que... ¡Hey! Es ahora cuando estoy despierto, ¿Por qué estoy despierto, verdad? Si, si lo estoy. Pienso que para ser consciente de que vivo en el presente debo disfrutar de cada momento en el instante en que sucede, pero ¿Y si es un sueño? ¿Disfrutar del sueño es suficiente? El sueño es una ilusión para el futuro, pero lo sueño ahora, entonces si disfruto del sueño ilusorio es como si disfrutase del sueño hecho realidad en el futuro en que sea realmente real y lo esté disfrutando, por tanto lo disfrutaré dos veces, al soñarlo y al vivirlo, y nunca sufriré, porque ¿Quién sueña con el sufrimiento? Y además, si por cualquier caso el sueño no se cumple, pues... no pasará nada, porque ya lo he disfrutado antes, cuando solo era un sueño. Todo esto me lleva a pensar que realmente no estoy despierto, voy a salir a la calle a ver si consigo despertarme.
El sonido de las llaves de mi casa no parece que me vaya a sacar de este letargo, tal vez la brisa que roza mi cara, tal vez el frío, al que permito, abriendo el portal y echando a caminar en plena noche, que se deslice por mi piel, que me acaricie con cada paso y que penetre hasta los huesos, tal vez entonces el frío me despierte. Si la luz de las estrellas mas iridiscentes llegan hasta mí en esta profunda noche, en esta densa ciudad, las luces estelares mas potentes atraviesan sin piedad el leve fulgor de las farolas que apagan las estrellas más tenues, porque la ciudad se dedica a apagar estrellas, la gente se une con el único fin de aglomerarse para que sus calles estén iluminadas por las noches y las estrellas más sutiles se pierdan en la memoria de los que alguna vez estuvieron en un campo olvidado por la civilización. Colgadas sobre mí, las estrellas más desmesuradas atraviesan la muralla creada por la luz de la cuidad y se dejan disfrutar por uno que pasea de noche, siente como la brisa congela lentamente sus orejas, y sabiéndolo o no, duerme. Tal vez me hagan despertar los semáforos, o tal vez solo me permitan llegar al parque sin ser atropellado, aunque tal vez ese camión sea capaz de despertarme, aunque si el sueño es así de hermoso, porqué iba a querer despertarme anticipadamente. ¿Es entonces morir arrollado por un camión de quince metros despertarse? No lo creo. De todos modos sigo con la misma idea, si el sueño es así de hermoso, ¿No compensa disfrutarlo? ¿Y luego disfrutar del despertar cuando llegue? A mi me compensa disfrutar la brisa, las estrellas, los semáforos que me mantienen vivo en esta ciudad de locos y alocados, las fuentes que calman mi sed y me permiten seguir amándola, porque aunque todo sea un sueño, o aunque todo sea real, ella está ahora durmiendo plácida en su cama, arropada, hasta hace tan solo un segundo estaba a mi lado, supuestamente yo despierto e irónicamente ella dormida. Que no precisamente soñando. Aunque ahora sentado en este frío banco, al ver frente a mi la fuente pienso en ella e imagino un brutal asesinato, no se muy bien porque, visualizo esa cama sobre la que está dormida, visualizo un enorme cuchillo empuñado en una desconocida mano derecha, no desconocida porque no sepa de quién es, sino porque no reconozco por qué actúa de ese modo. Veo también esas rodillas clavándose en el colchón a ambos lados de la víctima, porque ciertamente eso es, una víctima. Visualizo como el cuchillo cae con saña, como llega incluso a atravesar el colchón, como la sangre salpica un rostro que ni yo mismo conozco, aún habiéndolo visto toda mi vida. Y visualizo como la cama se tiñe de rojo, como las gotas de sangre penetran los recién formados huecos del colchón y llegan hasta el suelo, con un goteo incesante que no dejará luego dormir al asesino, pero si al asesinado. Y con tantas visualizaciones sigo en el banco frente a la fuente, lo que dudo es si continúo despierto o si estoy soñando, lo que tengo claro es que el agua de la fuente que tengo ante mí se vuelve cada vez más densa, cada instante mas roja, cada gota es mas sangrienta, y siento, de repente, un impulso de lo mas real, tanto como el agua fresca, como la suave y fría brisa, como el blanco de las estrellas, siento el impulso de correr al portal, siento que no necesito llaves para entrar, siento que tengo mas prisa que nunca por volver a mi casa, siento el terror en mi piel, siento que llego a mi salón, que penetro en mi habitación y la encuentro a ella, de rodillas sobre el colchón, con mi cuerpo apuñalado bajo su mirada, o mas bien, la que es ahora la mirada de una desconocida, aunque la haya visto durante toda mi vida, siento un ligero desconcierto, un profundo pavor, no se si estoy vivo o si estoy muerto, si dormido o despierto, pero siento que mi sangre corre, tal vez, de forma anticipada, pero corre a través de una cama destrozada por un cuchillo que yo mismo compré hacía apenas dos semanas, probablemente en un momento en el que sí estaba despierto. Pero ahora sus manos ensangrentadas acarician mi rostro, yo perplejo me observo desde la distancia que la confusión de la muerte me proporciona, sus labios rozan los míos en un beso eterno de buenas noches, no se si eso es amor pero es lo mas parecido que yo he sentido nunca, y finalmente se tumba a mi lado, se acurruca junto a mi cadáver, desliza su mano acariciando mi pecho algo desgarbado y maltrecho, está tan sexy después de haberme matado.
Realmente es una pena, supongo que lo es el que yo no sepa si estar despierto es o no soñar; que yo no sepa si deseo lo que sucede o si hubiera preferido que en lugar de un puñal su arma fuese un beso; es una pena que el tiempo se agote tan deprisa y no nos deje expresar todo lo que realmente sentimos, o lo que soñamos sentir; es una pena que de nuevo y definitivamente me haya vuelto a dejar de llevar, dejando que el tiempo me atrape en una realidad que desconozco y me hace dudar; y es una pena que un incesante goteo, sea ahora lo que no la deja dormir tranquila, que no descansar.
Xulio ML
“Una noche en la que los sueños no llegaban.
Tras un despertar que no me despertó del sueño...”
domingo, 3 de abril de 2011
lunes, 8 de marzo de 2010
Y CAMBIO MI VIDA
Un día del primer mes primaveral de un año que no recuerdo, de un año en el que yo todavía era muy pequeño, sucedió que sin darme cuenta había encaminado mi rumbo.
Esa mañana me levanté, dejé mi pequeño osito de trapo sobre la cama, a pesar de levantarme yo temprano para ir al colegio, a él siempre lo dejaba dormir hasta la hora que le apeteciera, sobretodo no me gustaba que le cogiera ese frio tan estremecedor que se te aferra al destaparte de una cama bien calentita. Me duché como cada mañana, me vestí, desayune mientras veía los dibujos animados. Cogí la mochila y fui a buscar una bufanda al armario de papá. En el armario una pequeña caja plateada llamó mi atención, no pude evitar abrirla. ¡Era hermosa, qué grande y brillante! Nunca había visto una pistola de verdad, y era muy pesada. Mamá hizo sonar el cláxon porque se hacía tarde. Deje todo como estaba y bajé al coche.
Ya llevaba un par de horas en la escuela, cuando comenzó la clase de lengua. Don Emilio comenzó a corregir los ejercicios en voz alta, preguntando a los alumnos, yo no había hecho los deberes, el día anterior me pasé la tarde jugando con Daniel, mi vecino. EL listado se acercaba peligrosamente a mí, iba a quedar mal delante de todos por no saber contestar, por no tener los deberes hechos. Yago había contestado, ese odioso. Le tocó a Carlota, después iba yo en la lista, faltaba muy poco, los nervios se apoderaron de mi, cogí lo primero que encontre en la mochila para tener las manos ocupadas, odiaba al profesor por preguntarme justo el unico día que no traía las tares hechas, lo odiaba por lo mal que explicaba las lecciones y porque siemrpe llegaba tarde a clase, simplemente lo odiaba. Carlota era tan hermosa, con su pelo largo ondulado, su piel morena y su voz, que radiaba ternura con cada palabra, aunque fuese respondiendo a un ejercicio del profesor, su voz me hacía sentir bién. Pero se calló, Don Emilio pronunció mi nombre y le disparé. Certero, un disparo perfecto, entre los ojos. Algo se apoderó de mi en aquel instante, aún hoy no me explico como aquel artefacto acabó en mis manos, juraría haberlo devuelto al armario.
Me separaron de mis padres, me internaron en un colegio, con nueve años no deberían separar a nadie de quién mas quiere, de quien le entiende y le hace sentir bien. Pero Carlota se quedó atrás y ya nunca la he vuelto a ver. Recuerdo cuando nos cogiamos de la mano, cuando prometimos ser novios para siempre, cuando me peleé con David porque se había metido con ella. Me divertía mucho a su lado. Y por un error, un acto insignificante no la he vuelto a ver. He conocido a otras en los siguientes treinta y tres años, pero no es lo mismo. A ella la recuerdo maravillosa.
Aún no se muy bien como me organicé la vida sin saber nada, pero sigo pensando que nada de lo que me sucedió fue justo, y como creo que todo esto en realidad ha sido un sueño demasiado largo, sigo con mi osito de peluche para arroparlo cuando yo me levante temprano y él aún reclame sus merecidos cinco minutos.
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Esa mañana me levanté, dejé mi pequeño osito de trapo sobre la cama, a pesar de levantarme yo temprano para ir al colegio, a él siempre lo dejaba dormir hasta la hora que le apeteciera, sobretodo no me gustaba que le cogiera ese frio tan estremecedor que se te aferra al destaparte de una cama bien calentita. Me duché como cada mañana, me vestí, desayune mientras veía los dibujos animados. Cogí la mochila y fui a buscar una bufanda al armario de papá. En el armario una pequeña caja plateada llamó mi atención, no pude evitar abrirla. ¡Era hermosa, qué grande y brillante! Nunca había visto una pistola de verdad, y era muy pesada. Mamá hizo sonar el cláxon porque se hacía tarde. Deje todo como estaba y bajé al coche.
Ya llevaba un par de horas en la escuela, cuando comenzó la clase de lengua. Don Emilio comenzó a corregir los ejercicios en voz alta, preguntando a los alumnos, yo no había hecho los deberes, el día anterior me pasé la tarde jugando con Daniel, mi vecino. EL listado se acercaba peligrosamente a mí, iba a quedar mal delante de todos por no saber contestar, por no tener los deberes hechos. Yago había contestado, ese odioso. Le tocó a Carlota, después iba yo en la lista, faltaba muy poco, los nervios se apoderaron de mi, cogí lo primero que encontre en la mochila para tener las manos ocupadas, odiaba al profesor por preguntarme justo el unico día que no traía las tares hechas, lo odiaba por lo mal que explicaba las lecciones y porque siemrpe llegaba tarde a clase, simplemente lo odiaba. Carlota era tan hermosa, con su pelo largo ondulado, su piel morena y su voz, que radiaba ternura con cada palabra, aunque fuese respondiendo a un ejercicio del profesor, su voz me hacía sentir bién. Pero se calló, Don Emilio pronunció mi nombre y le disparé. Certero, un disparo perfecto, entre los ojos. Algo se apoderó de mi en aquel instante, aún hoy no me explico como aquel artefacto acabó en mis manos, juraría haberlo devuelto al armario.
Me separaron de mis padres, me internaron en un colegio, con nueve años no deberían separar a nadie de quién mas quiere, de quien le entiende y le hace sentir bien. Pero Carlota se quedó atrás y ya nunca la he vuelto a ver. Recuerdo cuando nos cogiamos de la mano, cuando prometimos ser novios para siempre, cuando me peleé con David porque se había metido con ella. Me divertía mucho a su lado. Y por un error, un acto insignificante no la he vuelto a ver. He conocido a otras en los siguientes treinta y tres años, pero no es lo mismo. A ella la recuerdo maravillosa.
Aún no se muy bien como me organicé la vida sin saber nada, pero sigo pensando que nada de lo que me sucedió fue justo, y como creo que todo esto en realidad ha sido un sueño demasiado largo, sigo con mi osito de peluche para arroparlo cuando yo me levante temprano y él aún reclame sus merecidos cinco minutos.
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martes, 5 de enero de 2010
AQUELLA NOCHE QUE ME PUSE UNA CARETA BLANCA Y ME MIRE A UN ESPEJO ARMADO CON UN CUCHILLO DE CARNICERO Y UN BOLIGRAFO AZUL
Hoy es uno de esos días, de esos en los que me despierto sin haberme acostado, y me doy miedo, tanto miedo que soy incapaz de asustarme a mi mismo, tanto miedo que sumido en la oscuridad de mi nueva careta me hundo en la luz de la claridad de mi piel. ¿Quién soy? Soy Dios, lo soy porque me veo capaz de arrebatarte la vida, o a mi mismo si es que hablo con mi reflejo. Sin temor alguno pero con miedo, con mucho miedo.
Pero no temas, yo estoy aquí para salvaguardar tus dulces sueños; para que esas gráciles mariposillas caigan fulminadas por la mirada oscura que emanan mis ojos. Y ya sin pelos en la lengua, tu historia.
Llegaste hace dos semanas y te tumbaste sobre el mismo sillón que estás ahora, sobre el mismo en el que has vivido tantos domingos de calma, y sobre el mismo en el que probablemente mueras, pero quién sabe como acaba tu historia. Yo lo se y por eso la cuento. Tras tumbarte cerraste los ojos, dejaste caer tu cabeza hacia detrás como si tu vida fuese un espejismo de una realidad que anhelas. Pero pasado un tiempo, cuando abres los ojos y descubres que vives en la ilusión que has creado a conciencia, a la que has dedicado cada minuto de tu vida y con cuyo resultado no estas conforme. Entonces te duermes como si todos tus errores se desvanecieran. Pero no lo hacen, si lo hicieran no estarías bajo mi control; no te habrías puesto esta careta; no asustarías a lo mas profundo de tu alma; no recordarías tu muerte antes de haberla vivido, no verías tu cuello rebanado ni tu preciado sillón cubierto de sangre. Porque eres feliz. Pero no lo hacen, no se desvanecen porque no te mereces mas que esta careta que minuto a minuto has ido creando hasta completar el vacío de sus ojos negros. Y la vida sigue sin mi, te quitas la careta y de verdad esta vez te duermes.
Despiertas, lo haces porque deseas despertar; porque masoca de ti lloras por recuperar tu putrefacta existencia llena de mentiras y engaños a los que llamas felicidad. Eres feliz, muy feliz, por eso estoy yo aquí y tu sentado ante mi reflejo, porque te inunda la felicidad tanto como los deseos de que tu malvada zurda cruce de un lado a otro empuñando lo que intuyes desde el reflejo a través de esos dos pequeños huecos negros. Pero una vez despierto ya no recuerdas nada, y si recuerdas algo no es sino aquellas mariposillas antes de que yo les arrancara las alas lentamente. Te gustan esas mariposas aún sabiendo que no son reales, porque son las que te alimentan, te dan un amor que no puedes sentir y te obligan a querer despertarte cada mañana.
Yo te amo, las mariposas ni siquiera tú sabes de donde salieron, yo he salido de tu mirada, si observas esta careta en sus ojos descubrirás el amor que albergas en mi interior, o en el tuyo si es que estas hablando con un reflejo.
Te voy a contar el final de la historia. Al final mueres y te encuentras conmigo, pero antes, como cada noche en estas dos ultimas semanas, te tumbas en tu sofá y te liberas de un estrés que no tienes. Cierras los ojos, abres las manos desarmándome y te duermes para, consciente de mi, seguir soñando con las mariposas de colores, que cada día cambian sus alas para que no te aburras demasiado.
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Pero no temas, yo estoy aquí para salvaguardar tus dulces sueños; para que esas gráciles mariposillas caigan fulminadas por la mirada oscura que emanan mis ojos. Y ya sin pelos en la lengua, tu historia.
Llegaste hace dos semanas y te tumbaste sobre el mismo sillón que estás ahora, sobre el mismo en el que has vivido tantos domingos de calma, y sobre el mismo en el que probablemente mueras, pero quién sabe como acaba tu historia. Yo lo se y por eso la cuento. Tras tumbarte cerraste los ojos, dejaste caer tu cabeza hacia detrás como si tu vida fuese un espejismo de una realidad que anhelas. Pero pasado un tiempo, cuando abres los ojos y descubres que vives en la ilusión que has creado a conciencia, a la que has dedicado cada minuto de tu vida y con cuyo resultado no estas conforme. Entonces te duermes como si todos tus errores se desvanecieran. Pero no lo hacen, si lo hicieran no estarías bajo mi control; no te habrías puesto esta careta; no asustarías a lo mas profundo de tu alma; no recordarías tu muerte antes de haberla vivido, no verías tu cuello rebanado ni tu preciado sillón cubierto de sangre. Porque eres feliz. Pero no lo hacen, no se desvanecen porque no te mereces mas que esta careta que minuto a minuto has ido creando hasta completar el vacío de sus ojos negros. Y la vida sigue sin mi, te quitas la careta y de verdad esta vez te duermes.
Despiertas, lo haces porque deseas despertar; porque masoca de ti lloras por recuperar tu putrefacta existencia llena de mentiras y engaños a los que llamas felicidad. Eres feliz, muy feliz, por eso estoy yo aquí y tu sentado ante mi reflejo, porque te inunda la felicidad tanto como los deseos de que tu malvada zurda cruce de un lado a otro empuñando lo que intuyes desde el reflejo a través de esos dos pequeños huecos negros. Pero una vez despierto ya no recuerdas nada, y si recuerdas algo no es sino aquellas mariposillas antes de que yo les arrancara las alas lentamente. Te gustan esas mariposas aún sabiendo que no son reales, porque son las que te alimentan, te dan un amor que no puedes sentir y te obligan a querer despertarte cada mañana.
Yo te amo, las mariposas ni siquiera tú sabes de donde salieron, yo he salido de tu mirada, si observas esta careta en sus ojos descubrirás el amor que albergas en mi interior, o en el tuyo si es que estas hablando con un reflejo.
Te voy a contar el final de la historia. Al final mueres y te encuentras conmigo, pero antes, como cada noche en estas dos ultimas semanas, te tumbas en tu sofá y te liberas de un estrés que no tienes. Cierras los ojos, abres las manos desarmándome y te duermes para, consciente de mi, seguir soñando con las mariposas de colores, que cada día cambian sus alas para que no te aburras demasiado.
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martes, 22 de septiembre de 2009
Mi Pequeño Diario Día 3
Hace ya unos días que no escribo nada en mi pequeño diario pero tengo excusa.
Lo bueno de ser estudiante es que tienes excusas para todo, sino haber como le cuelas a un profesor que tu padre se comió el trabajo de historia porque no quedaban galletas. Aún me sorprendo de que eso hubiese colado en su día.
El motivo por el cual estuve indispuesto para escribir en estos días es que el elefante del salón vio un documental en el que se apareaban elefantes, lo que viene siendo pornografía, nunca pensé que un canal como ese pasara porno para paquidermos a esas horas de la mañana. La reacción del pequeño Aristarco, que es como yo le llamaba, fue iniciar una estampida hacia la ventana de la cocina, tirando uno de los principales puntos de apoyo de la casa en cuestión y arroyándome un poco, ya que yo me encontraba cocinando. Lo peor de todo no fue que se me cayera la casa encima, sino que se me chafara el desayuno, porque es bien difícil comer crepes rellenos de escombros si tu pierna derecha está atrapada bajo la biga principal. El catorce de cada mes siempre desayuno crepes, es una tradición, antes lo hacía el día treinta pero llegó febrero y me quedé con las ganas.
Por suerte el pequeño Aristarco me sacó de allí y me llevó al hospital. Es más rápido que la ambulancia porque la gente tiende a apartarse cuando le ve correr por la carretera, pero a los enfermeros les resulta tremendamente complicado atenderte durante el trayecto.
Pero ya pasó todo, ahora hago vida normal. Vino la ONG Obreros sin fronteras, que tratan el tema de estampidas de elefantes en el áfrica subsahariana y casualmente pasaban por mi calle en ese instante, y yo no pude negar la ayuda. Ya que estaba cambié los planos de mi casa por otros y ahora el espacio está mejor distribuido, los techos son lo suficiente altos como para que Aristarco pueda andar tranquilo por la casa y la puerta es también a su medida, aunque con una más pequeña adherida a esa para que yo pueda entrar y salir. En el jardín dije que antes había un lago para que el elefante pudiese bañarse, a los obreros les extrañó que al derrumbarse la casa también hubiera desaparecido el lago, no solo el agua sino también el hueco y que hubiese crecido césped encima y un cerezo en flor, yo les aclaré que fenómenos extraños suceden en todas partes.
Al meter el lago el jardín se me hizo más estrecho por lo que me vi obligado a quitar la pequeña casa del jardín trasero y a raíz de ello mis quince concubinas viven ahora en casa conmigo, lo cual esta bien porque antes había veces que me olvidaba que estaban allí y las tenía más desatendidas. Ahora al estar en casa ya comen todos los días y además se llevan muy bien con Aristarco, una de ellas hasta consiguió que le devolviese el mando de la tele.
Lo importante es que ya estamos todos bien y mañana toca volver a la facultad, que con la tontería de la obra en casa llevo un tiempecito sin ir.
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Lo bueno de ser estudiante es que tienes excusas para todo, sino haber como le cuelas a un profesor que tu padre se comió el trabajo de historia porque no quedaban galletas. Aún me sorprendo de que eso hubiese colado en su día.
El motivo por el cual estuve indispuesto para escribir en estos días es que el elefante del salón vio un documental en el que se apareaban elefantes, lo que viene siendo pornografía, nunca pensé que un canal como ese pasara porno para paquidermos a esas horas de la mañana. La reacción del pequeño Aristarco, que es como yo le llamaba, fue iniciar una estampida hacia la ventana de la cocina, tirando uno de los principales puntos de apoyo de la casa en cuestión y arroyándome un poco, ya que yo me encontraba cocinando. Lo peor de todo no fue que se me cayera la casa encima, sino que se me chafara el desayuno, porque es bien difícil comer crepes rellenos de escombros si tu pierna derecha está atrapada bajo la biga principal. El catorce de cada mes siempre desayuno crepes, es una tradición, antes lo hacía el día treinta pero llegó febrero y me quedé con las ganas.
Por suerte el pequeño Aristarco me sacó de allí y me llevó al hospital. Es más rápido que la ambulancia porque la gente tiende a apartarse cuando le ve correr por la carretera, pero a los enfermeros les resulta tremendamente complicado atenderte durante el trayecto.
Pero ya pasó todo, ahora hago vida normal. Vino la ONG Obreros sin fronteras, que tratan el tema de estampidas de elefantes en el áfrica subsahariana y casualmente pasaban por mi calle en ese instante, y yo no pude negar la ayuda. Ya que estaba cambié los planos de mi casa por otros y ahora el espacio está mejor distribuido, los techos son lo suficiente altos como para que Aristarco pueda andar tranquilo por la casa y la puerta es también a su medida, aunque con una más pequeña adherida a esa para que yo pueda entrar y salir. En el jardín dije que antes había un lago para que el elefante pudiese bañarse, a los obreros les extrañó que al derrumbarse la casa también hubiera desaparecido el lago, no solo el agua sino también el hueco y que hubiese crecido césped encima y un cerezo en flor, yo les aclaré que fenómenos extraños suceden en todas partes.
Al meter el lago el jardín se me hizo más estrecho por lo que me vi obligado a quitar la pequeña casa del jardín trasero y a raíz de ello mis quince concubinas viven ahora en casa conmigo, lo cual esta bien porque antes había veces que me olvidaba que estaban allí y las tenía más desatendidas. Ahora al estar en casa ya comen todos los días y además se llevan muy bien con Aristarco, una de ellas hasta consiguió que le devolviese el mando de la tele.
Lo importante es que ya estamos todos bien y mañana toca volver a la facultad, que con la tontería de la obra en casa llevo un tiempecito sin ir.
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viernes, 10 de julio de 2009
Carta a un amigo
Tan largo tiempo ha transcurrido desde nuestro último encuentro que vagamente recuerdo el tono de su voz amigo, te comento que me hube refugiado en mi mismo por los últimos meses, pasé ciertos apuros, económicos y emocionales, pero ahora ya estoy trabajando en nuevo libro.
Le cuento que me paso:
La desolación podía conmigo, sucedió en un tiempo en el que todo parecía ir a peor. Hambriento, caminaba junto al escritorio, abandonado por todos me abandoné a mi mismo. En la soledad caí en una profunda depresión, que me llevó al suicidio. Cada camino me llevaba a él, cada pensamiento, y finalmente cada objeto. Estaba decidido a hacerlo, pero dudaba en como.
Tantos modos de morir se me ocurrían, que opté por que un disparo certero atravesara mi corazón.
Coloqué un sencillo reloj a la escopeta para que se envalentonara y apretara el gatillo en mi lugar. Frente a ella me esposé a una silla, moriría a las 17.59 horas, era mi último día y no me apetecía madrugar. Faltaban solo un par de minutos, hacía ya al menos diez que estaba inmovilizado a la silla, eran mis últimos pensamientos, quería estar tranquilo, todo llegaría a su fin en breve.
17.58 Un ser extraño se apareció frente a mi, el deseo de morir en soledad se había desvanecido por una alucinación. Era un tipo algo extraño, ni bien se presento...
Soy Dios, pero puede llamarme ¡Oh mi Señor!
...y pum. Un simple disparo, una escopeta hizo que sus divinas tripas volaran por los aires manchando mi rostro de sangre celestial.
Llegué en ese instante a amar a Dios por haberme salvado, me hizo ver que no quiero morir, es una pena que la poca fe que tenía desapareciera del todo al ver su cadáver sobra mi hermosa alfombra echada a perder.
Tardé en romper la silla y esperar a que salieran las llaves de las esposas, pero cuando lo logré no tardé en redactarlo, comencé otro libro, la inspiración me inundó, las letras fluían, sin duda alguna amigo, de buena fuente que soy yo te puedo decir que, Dios ha muerto. Es el momento del hombre.
Te saluda y desea recibir pronto noticias tuyas tu amigo Friedrich N.
Le cuento que me paso:
La desolación podía conmigo, sucedió en un tiempo en el que todo parecía ir a peor. Hambriento, caminaba junto al escritorio, abandonado por todos me abandoné a mi mismo. En la soledad caí en una profunda depresión, que me llevó al suicidio. Cada camino me llevaba a él, cada pensamiento, y finalmente cada objeto. Estaba decidido a hacerlo, pero dudaba en como.
Tantos modos de morir se me ocurrían, que opté por que un disparo certero atravesara mi corazón.
Coloqué un sencillo reloj a la escopeta para que se envalentonara y apretara el gatillo en mi lugar. Frente a ella me esposé a una silla, moriría a las 17.59 horas, era mi último día y no me apetecía madrugar. Faltaban solo un par de minutos, hacía ya al menos diez que estaba inmovilizado a la silla, eran mis últimos pensamientos, quería estar tranquilo, todo llegaría a su fin en breve.
17.58 Un ser extraño se apareció frente a mi, el deseo de morir en soledad se había desvanecido por una alucinación. Era un tipo algo extraño, ni bien se presento...
Soy Dios, pero puede llamarme ¡Oh mi Señor!
...y pum. Un simple disparo, una escopeta hizo que sus divinas tripas volaran por los aires manchando mi rostro de sangre celestial.
Llegué en ese instante a amar a Dios por haberme salvado, me hizo ver que no quiero morir, es una pena que la poca fe que tenía desapareciera del todo al ver su cadáver sobra mi hermosa alfombra echada a perder.
Tardé en romper la silla y esperar a que salieran las llaves de las esposas, pero cuando lo logré no tardé en redactarlo, comencé otro libro, la inspiración me inundó, las letras fluían, sin duda alguna amigo, de buena fuente que soy yo te puedo decir que, Dios ha muerto. Es el momento del hombre.
Te saluda y desea recibir pronto noticias tuyas tu amigo Friedrich N.
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